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¿Aprender a tocar un instrumento musical a los setenta ayuda a la memoria?

Unos investigadores compararon la memoria de unos jubilados que seguían tocando un instrumento con la de otros que lo habían dejado de hacer.

Pablo Navarro8 oct 20265 min de lectura
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Una melódica con su tubo para soplar sobre una mesa de madera, junto a una partitura abierta y con la luz de una ventana en la pared, en tonos frambuesa, ilustración del estudio sobre aprender a tocar un instrumento de mayor y la memoria.

Tu madre lleva años diciendo que le habría gustado aprender a tocar el piano. Este año, por fin, se ha apuntado a clases en un centro cultural de su barrio. Puede que pienses que, a su edad, aprender a tocar el piano ya no le va a servir para mucho más que para entretenerse.

Unos investigadores japoneses de la Universidad de Kioto hicieron un seguimiento durante cuatro años a unos jubilados que aprendieron a tocar un instrumento casi desde cero. Los jubilados que dejaron de tocar empeoraron en una de las medidas de memoria, y los que siguieron tocando no.

Unos jubilados de Kioto aprendieron a tocar la melódica en un centro para mayores

En un estudio publicado en 2025, los investigadores Xueyan Wang y Kaoru Sekiyama, de la Universidad de Kioto, se preguntaron si aprender a tocar un instrumento cuando ya se es mayor ayudaba a frenar la pérdida de memoria con el paso de los años.

Otros estudios ya habían observado que los músicos mayores pierden menos memoria que las personas de su misma edad que no tocan. Esos músicos, sin embargo, llevaban toda la vida tocando, y la diferencia podía deberse a otros factores, como su personalidad o su facilidad para la música. Wang y Sekiyama quisieron comprobar qué pasa con las personas que empiezan a tocar ya de mayores.

En 2018, cincuenta y tres personas mayores sanas se apuntaron a un curso de música en un centro para mayores de Kioto. Ninguna había recibido clases de un instrumento durante más de tres años de su vida, ni en los últimos cinco. Durante tres o cuatro meses aprendieron a tocar la melódica, un pequeño instrumento de teclado que suena al soplar. Al terminar el curso sabían leer las notas de una partitura y tocaban once canciones.

De los treinta y dos que volvieron cuatro años después, trece seguían tocando y diecinueve lo habían dejado

Al acabar el curso, algunos participantes decidieron seguir por su cuenta. Montaron un club de melódica en el mismo centro, ensayaban en grupo una vez por semana y practicaban en casa. Al menos dos veces al año podían tocar en un concierto público, uno en verano y otro antes de Navidad.

Otros dejaron la música y continuaron con otras actividades del centro, como el tenis de mesa, la gimnasia o los estiramientos.

Entre finales de 2021 y principios de 2022, cuatro años después del primer curso, los investigadores volvieron a examinar a treinta y dos de esas personas. Trece habían seguido tocando y diecinueve lo habían dejado. Las demás habían dejado de ir al centro o no pudieron realizar las pruebas por motivos de salud. Los que siguieron tenían casi setenta y ocho años en promedio, y los que lo dejaron, setenta y seis.

Al inicio, los investigadores no encontraron diferencias entre los dos grupos en la edad, en los años de estudio ni en las pruebas de memoria. Tampoco las hubo en las actividades mentales ni en la vida social. El grupo que dejó la música hacía ejercicio casi el doble de veces al mes, aunque, con tan pocas personas, esa diferencia no fue concluyente.

La memoria de trabajo empeoró en los que dejaron la melódica y no en los que siguieron

Cada participante realizó al principio y al final las mismas pruebas de memoria. En una tenía que repetir series de números, en el mismo orden y al revés. En otra, tenía que decir palabras que empezaran por una letra o que fueran de la misma categoría.

Los investigadores juntaron esas pruebas en una única puntuación de memoria de trabajo, que es la que usas para retener un número de teléfono mientras lo marcas. En cuatro años, la puntuación del grupo que dejó la música bajó claramente. La puntuación del grupo que siguió tocando no mostró cambios claros.

En otra prueba, en la que debían recordar una historia un rato después de escucharla, ambos grupos mejoraron por igual. Los autores no saben si se debió a un efecto del primer curso o a haber repetido la prueba varias veces.

Los que siguieron tocando conservaron mejor una zona del interior del cerebro

Los investigadores midieron, mediante resonancia magnética, el tamaño de varias regiones cerebrales. Una de esas zonas es el putamen derecho, que se encuentra en el interior del cerebro y participa en el movimiento y el aprendizaje. El putamen derecho se redujo en el grupo que dejó de tocar y no mostró cambios claros en el que siguió tocando.

Los participantes que mejor conservaron el putamen también tendían a conservar mejor la memoria de trabajo. Los autores midieron esa relación con una correlación, un número que vale cero cuando dos cosas no tienen nada que ver y uno cuando cambian siempre juntas. La correlación fue de 0,42, y los autores comprobaron que no se debía al azar.

La parte derecha del cerebelo, que coordina los movimientos complejos, se redujo en ambos grupos. Los participantes realizaron otra prueba de memoria con números en el escáner, pero solo al final del estudio. En esa prueba, el cerebelo del grupo que siguió tocando se activó más que el del otro grupo. Como esa prueba no se realizó al principio, no se sabe si la diferencia ya existía.

Los autores creen que el cerebelo de las personas que siguieron tocando trabajaba más de forma autónoma y necesitaba menos ayuda de otras áreas del cerebro. Según ellos, tocar la melódica puede explicar por qué su cerebelo funciona mejor, ya que requiere mover los dedos con precisión y controlar la respiración.

Los participantes decidieron ellos mismos si seguían tocando o lo dejaban

Los investigadores no asignaron a los participantes al azar. Los autores reconocen que el interés por la música o la sensación de dominar el instrumento pueden explicar parte de las diferencias.

Los grupos eran pequeños y los autores advierten que eso hace poco fiables las relaciones que encontraron entre los cambios cerebrales y los de la memoria. Además, las personas que volvieron a las pruebas cuatro años después podían ser las más sanas y activas. El estudio solo incluyó un instrumento de teclado, por lo que no se sabe si con otros instrumentos ocurriría lo mismo.

Qué tiene que ver esto contigo

Si tu madre o tu padre tiene ganas de aprender a tocar un instrumento, dale ánimos para empezar y, sobre todo, para seguir. Los jubilados que siguieron tocando ensayaban juntos cada semana. Tener al menos dos conciertos al año les daba un motivo para no abandonarlo.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

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