Después de un rechazo te fijas más en el precio de un plan
Unos jóvenes fueron rechazados en una red social simulada y luego eligieron entre planes con otras personas y planes a solas.

Llevas unas semanas saliendo con alguien. Un día, esa persona te dice que prefiere no seguir viéndote. Dos días después, una amiga te invita a cenar en un restaurante nuevo. Le dices que esa semana no puedes. Al día siguiente te propone un café al salir del trabajo y le dices que sí.
Puede que pienses que ese rechazo te ha quitado las ganas de ver a la gente. Un experimento reciente encontró que las personas a las que acababan de rechazar seguían prefiriendo planes con otras personas. Sin embargo, cuanto más caro era el plan, más lo rechazaban.
Unos investigadores hicieron creer a noventa y ocho jóvenes que unos desconocidos valoraban sus fotos de Instagram
Los investigadores Jordan Dejoie y Dominic Fareri, de la Universidad Adelphi, en Nueva York, quisieron saber si una persona que acaba de sentirse rechazada está dispuesta a pagar más o menos por un plan con otras personas. Antes de empezar el experimento, registraron lo que esperaban encontrar. Creían que, tras un rechazo, la gente gastaría más en planes con otras personas.
En el experimento participaron noventa y ocho adultos de entre dieciocho y treinta y cinco años que vivían en Estados Unidos y tenían una cuenta activa en Instagram. En la primera sesión, cada participante subió 32 fotos desde su cuenta. También escribió diez actividades que le gustaba hacer con una persona concreta, como su pareja o un hermano, y otras diez que prefería hacer a solas.
Unos días después, los participantes accedieron a una red social que los investigadores habían creado para el experimento. Les dijeron que otros participantes, a los que no conocían, iban a ver sus fotos y a marcar si les gustaban o no. Esos compañeros eran inventados. El programa decidía qué fotos les gustaban.
El experimento tenía cuatro rondas, cada una con un compañero distinto. En dos rondas, al compañero no le gustaban siete de cada diez fotos. En las otras dos rondas, las fotos que no le gustaban eran solo tres de cada diez. Cada participante pasó por los dos tipos de ronda en un orden determinado al azar.
Al final de cada ronda, los participantes puntuaron del 1 al 9 según cómo se sentían. Cuanto más bajo era el número, peor se sentían y más estrés tenían. Tras las rondas de rechazo, dieron en promedio 5,1 y, tras las de aceptación, 5,8. También dijeron que tenían menos ganas de volver a compartir fotos con los compañeros que los habían rechazado.
Los participantes elegían entre un plan con alguien y un plan a solas, cada uno con su precio
Cada participante ganó seis dólares en un juego de adivinar cartas antes de entrar a la red social. Le dijeron que usaría ese dinero durante el experimento.
El participante hacía cinco elecciones seguidas cada vez que veía cinco fotos. En cada una, el programa le enseñaba dos actividades de su propia lista, una con otra persona y otra a solas. Cada actividad tenía un precio de entre uno y cinco centavos de dólar, y el participante elegía la que prefería. Al terminar, cada participante había hecho cien elecciones. Los planes eran hipotéticos; es decir, nadie tenía que ejecutarlos y el dinero no se gastaba realmente.
Los participantes siguieron prefiriendo los planes con otras personas después de un rechazo
En general, los participantes eligieron con mayor frecuencia el plan con otra persona que el plan a solas. Estaban dispuestos a pagar por él alrededor de medio centavo más que por el plan a solas.
Esa preferencia no cambió de forma clara tras el rechazo. El rechazo no hizo que eligieran los planes con otras personas con menos frecuencia.
Después de un rechazo, los participantes eligieron menos los planes caros con otras personas
Los participantes gastaron en total menos dinero en los planes con otras personas después de las rondas de rechazo: veintisiete centavos de dólar en promedio, frente a treinta centavos de dólar tras las rondas de aceptación. La diferencia es pequeña y es la contraria a la que habían previsto los autores.
El precio influyó de manera distinta según el tipo de ronda. Después de un rechazo, cuanto más caro era el plan con otra persona, menos veces lo elegían. Después de una aceptación, ocurría lo contrario: cuanto más caro era el plan con otra persona, más veces lo elegían. Los autores añadieron este análisis del precio después de registrar lo que esperaban encontrar, por lo que hay que tomarlo con cautela.
Los autores creen que el rechazo hace que la persona se fije más en el precio
Los autores proponen varias explicaciones posibles, aunque no las ponen a prueba. Una es que, después de un rechazo, un plan con otras personas parece más arriesgado, y la persona está menos dispuesta a pagar por él. Otra es que una persona que se siente mal tiene menos energía para pensar con calma en cada decisión. Esa persona acaba decidiendo según lo más fácil de comparar: el precio.
Según los autores, sus resultados indican que el rechazo no reduce las ganas de estar con otras personas, y que hace que cada uno se fije más en lo que cuesta cada plan. En este estudio solo se midió el costo en términos monetarios.
Los autores reconocen que el gasto y los planes eran hipotéticos y que la gente puede actuar de manera diferente cuando se trata de dinero y de planes reales. El rechazo venía de desconocidos en una red social simulada y se parecía solo parcialmente al de alguien con quien ya tienes una relación. El estudio tampoco indica cuánto dura esa mayor atención al precio.
Qué tiene que ver esto contigo
Si después de un rechazo tienes ganas de decir que no a un plan caro, podrías proponer uno más económico, como un café o un paseo. En este estudio, las personas rechazadas siguieron prefiriendo los planes con otras personas, aunque se fijaron más en el precio.
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