El efecto espectador existe, pero casi siempre alguien ayuda
Las cámaras de tres ciudades registraron 219 peleas reales. En nueve de cada diez alguien intervino, y cuantos más testigos había, más ayuda hubo

Vuelves a casa un viernes por la noche y, a diez metros de ti, dos hombres empiezan a empujarse en mitad de la acera. Hay gente alrededor. Alguien se ha parado a mirar y otros siguen andando. Si la cosa va a más, ¿crees que alguien intentará mediar?
Casi todo el mundo responde que no, y casi todo el mundo tiene en la cabeza la misma historia para justificarlo.
La pregunta que llevábamos cincuenta años haciendo
En marzo de 1964, Kitty Genovese fue asesinada de madrugada frente a su edificio, en el barrio neoyorquino de Queens. Dos semanas después, The New York Times publicó que treinta y ocho vecinos habían visto u oído el ataque desde sus ventanas y que ninguno hizo nada. El reportaje dio la vuelta al mundo. Décadas más tarde se demostró que estaba en buena parte equivocado, porque muchos menos vecinos vieron algo, varios no entendieron lo que estaba pasando y hubo quien sí avisó a la policía. Para entonces el relato ya circulaba por todas partes.
Aquella historia empujó a dos psicólogos, Bibb Latané y John Darley, a llevarla al laboratorio. En 1968 sentaron a unos estudiantes en cabinas separadas para hablar por un interfono y, a mitad de la conversación, uno de los interlocutores, que en realidad era una grabación, simulaba sufrir un ataque epiléptico y pedía ayuda. Los estudiantes que se creían los únicos que lo estaban oyendo salieron a avisar en la inmensa mayoría de los casos. Los que creían que había otras cuatro personas escuchando lo mismo salieron mucho menos, y los que salieron tardaron más. Latané y Darley lo llamaron difusión de la responsabilidad, y de ahí nació el efecto espectador, que hoy se estudia en cualquier manual de psicología social.
Ese hallazgo está bien establecido y nadie lo discute. Pero fíjate en la pregunta que responde. Responde si tú ayudas cuando hay más gente delante. No responde a la pregunta que le importa a quien está en el suelo recibiendo golpes, que es si va a ayudarle alguien. Son dos preguntas distintas, y durante medio siglo la psicología midió la primera y dio por hecha la segunda.
Lo que grabaron las cámaras de Ámsterdam, Lancaster y Ciudad del Cabo
Richard Philpot, psicólogo de la Universidad de Lancaster, decidió medir la segunda. Junto a su equipo, consiguió acceso a los sistemas de videovigilancia de tres ciudades muy distintas entre sí: Ámsterdam, Lancaster y Ciudad del Cabo, con niveles de seguridad percibida que no guardan relación entre sí. Partieron de 1.225 grabaciones y, aplicando criterios estrictos, se quedaron con 219 peleas y agresiones reales en plena calle, protagonizadas por gente que no sabía que estaba siendo observada.
Cuatro ayudantes de investigación, entrenados para ello, vieron los vídeos uno a uno y fueron anotando cuántos testigos había, cuántos intervenían y de qué forma lo hacían. Contaba como intervención hacer un gesto para calmar los ánimos, tocar a alguien para tranquilizarlo, meterse entre los dos que se peleaban, sujetar o apartar al agresor, consolar a la víctima o atender al que había recibido el golpe. Los resultados se publicaron en American Psychologist en 2020. Las grabaciones no tienen sonido, así que nadie pudo contar las veces que un testigo intervino hablando, y la ayuda real fue, como mínimo, la que se ve.
En esos 219 conflictos había una media de dieciséis testigos presentes y duraban algo más de tres minutos. En el 90,9 por ciento de los casos intervino al menos un testigo, con una media de 3,76 personas interviniendo por conflicto. El porcentaje se mantuvo parecido en las tres ciudades, pese a que en Ciudad del Cabo la gente se siente mucho menos segura que en Lancaster.
Ese número tiene más peso del que parece, porque hasta entonces las estimaciones en la vida real bailaban muchísimo. Unas, basadas en expedientes policiales, hablaban de un 10 por ciento de casos con alguien mediando. Otras, de un 74 por ciento. Las observaciones en bares se quedaban entre el 26 y el 39 por ciento. Las cámaras, que graban lo que pasa sin que nadie lo edite ni lo recuerde después, dan un 90,9.
Lo que este estudio no demuestra
Philpot encontró además que, cuantos más testigos había, más probable era que la víctima recibiera ayuda, justo lo contrario de lo que uno esperaría del laboratorio. Aun así, ese dato hay que cogerlo con pinzas. El propio equipo advierte que la precisión de la estimación es baja. El diseño, además, es observacional, por lo que describe lo que la gente hace; no demuestra que una cosa cause la otra.
Hay más detalles del estudio con los que hay que ser cautelosos. La definición de intervención es amplia, y no es lo mismo un gesto para calmar los ánimos que meterse entre dos hombres que se están pegando. Las grabaciones vienen de zonas céntricas llenas de bares, de modo que parte de esos testigos había bebido, algo que cambia el cálculo del riesgo. Todo esto ocurre, además, en la calle, de noche y entre desconocidos, que no es la única forma de emergencia que existe.
Sobre todo, nada de esto desmonta el efecto espectador. La difusión de la responsabilidad probablemente exista, y es verdad que tú, como individuo, te sientes menos obligado a actuar cuando hay veinte personas mirando. Pero veinte personas que se sienten un poco menos obligadas siguen sumando más manos disponibles que dos personas que se sienten muy obligadas. Para la víctima cuenta el total.
Qué tiene que ver esto contigo
Lo más probable es que nunca presencies una agresión en la calle. Pero sí vives, casi a diario, pequeñas versiones de la misma escena. Estás en una reunión y ves cómo dejan en evidencia a una compañera. Estás en una cena y oyes a un amigo pasarse de la raya con su pareja delante de todos.
En esos momentos te dices que nadie va a moverse, que no es tu papel, que ya lo dirá otro. Los datos de Philpot sugieren que esa lectura del ambiente es más pesimista de lo que la realidad justifica. La gente se mueve, y cuando alguien se mueve primero, los demás suelen ir detrás.
Philpot y su equipo proponen cambiar la pregunta. Durante medio siglo nos hemos preguntado por qué la gente no ayuda. La pregunta que queda por responder es qué hace que una intervención salga bien.
Por qué te pasa lo que te pasa.
Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.
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