Apúntate a la preventaPreventa

Los perros distinguen el miedo de la tristeza

Doce perros metidos en un escáner miraron caras humanas, y su cerebro respondió de forma distinta ante una cara con miedo y ante una cara triste

Pablo Navarro20 ago 20264 min de lectura
Compártelo
Correa de perro colgada de un gancho junto a una puerta en penumbra, referencia al estudio sobre cómo el cerebro de los perros entiende nuestras emociones en la cara.

Llegas a casa después de un día malo, te sientas en el sofá sin quitarte el abrigo, y el perro, que estaba durmiendo, se levanta y viene a apoyarse contra tu pierna sin que le hayas dicho una palabra. Si tienes perro esto te habrá pasado, y lo más probable es que lo contaras diciendo que se dio cuenta de cómo te sentías. Hasta ahora faltaba saber qué parte de eso ocurre dentro de la cabeza del perro y qué parte la ponemos nosotros al mirarlo.

Un perro quieto dentro de una máquina que hace ruido

En 2026, los neurocientíficos Raúl Hernández-Pérez y Laura Cuaya, de la Universidad de Viena, publicaron dos experimentos realizados con perros que vivían en casas particulares, despiertos y sin sedar, dentro de una máquina de resonancia magnética. Los animales estaban entrenados para meterse en el tubo y quedarse quietos en posición de esfinge mientras miraban fotografías proyectadas delante de ellos.

En el primer experimento participaron ocho perros de entre un año y medio y cuatro años y medio, siete de ellos con un escáner previo a sus espaldas. Les enseñaron caras humanas alegres y neutras. Las alegres activaron, en mayor medida que las neutras, una amplia zona del lado derecho de la corteza temporal, que se extendía hasta el núcleo caudado (una estructura ubicada en la profundidad del cerebro, lejos de la superficie, que participa en el aprendizaje y en la respuesta a las recompensas).

El caudado es una de las zonas que se activan en el perro cuando espera comida o cuando huele a alguien conocido, así que una cara sonriente le activó el mismo sistema que las cosas que le gustan.

Un programa que adivina qué cara está mirando el perro

En el segundo experimento participaron doce perros, y esta vez se les presentaron caras con cuatro emociones, alegría, enfado, miedo y tristeza.

Para analizar los datos utilizaron un programa que aprende a reconocer patrones. Primero se le muestran muchos ejemplos de actividad cerebral, acompañados de su etiqueta, es decir, de qué cara estaba viendo el perro en cada momento. Después se le da una actividad nueva, ya sin etiqueta, y el programa tiene que acertar cuál de las dos caras era. Si acierta más veces de lo que acertaría tirando una moneda, es que en ese cerebro hay información distinta para una cara y para la otra.

Al mirar solo la zona que había salido en el primer experimento, el programa separó la alegría de las tres emociones negativas. Acertaba siete de cada diez veces al distinguir una cara alegre de una triste, y algo más de seis de cada diez en las otras dos comparaciones. Al enfrentarlo a dos caras negativas entre sí, en cambio, acertaba la mitad de las veces, es decir, lo mismo que si hubiera contestado al azar.

Con esos resultados, el perro solo estaría separando lo bueno de lo malo. Los investigadores repitieron entonces el análisis mirando el cerebro entero, y ahí sí aparecieron zonas que distinguían el miedo del enfado, y otras que distinguían el miedo de la tristeza. El enfado y la tristeza, en cambio, no se distinguieron entre sí en ninguna zona.

El cerebro del perro trata entonces una cara de miedo como algo aparte y, en cambio, responde igual ante una cara de enfado que ante una cara triste. Los autores lo presentan como la primera prueba directa de que un cerebro canino distingue una expresión humana negativa de otra.

Lo que los autores no dicen

Las etiquetas de alegría, enfado, miedo y tristeza describen las fotos procedentes de bases de datos validadas por personas, y no describen lo que el perro siente ni lo que entiende; son los propios autores quienes lo advierten. El estudio demuestra que su cerebro responde de forma distinta a unas caras y a otras, y de ahí a decir que el perro reconoce emociones como las reconocemos nosotros hay un salto que el estudio no nos da.

Los perros, además, estaban mirando fotografías estáticas. En tu salón, tu perro suma tu postura, tu tono de voz, la velocidad a la que te mueves y tu olor, que para él es un canal de información que nosotros no tenemos. Este experimento aísla la cara precisamente para saber qué aporta por sí sola.

Qué tiene que ver esto contigo

Cuando tienes la sensación de que tu perro sabe cómo estás, hay algo real: tu cara sonriente activa el mismo sistema que la comida y su cerebro responde de forma distinta ante una cara asustada que ante una triste.

También sirve para pensar en las personas con las que vives. Si un cerebro que no comparte tu lenguaje separa el miedo del enfado en una fotografía fija, tu hija adolescente, que lleva años mirándote la cara y acertando, lo hace con muchísima más información y todo el rato. En tu casa te ven la cara que traes al llegar, aunque creas que no se te nota.

Para quien vive con un perro hay una consecuencia práctica. Mirarle sonriendo no es un gesto vacío para él, y una casa donde se grita mucho tampoco le pasa desapercibida, porque su cerebro responde de una manera ante una cara con miedo y de otra distinta ante una cara enfadada.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

¿Te ha hecho pensar en algo?

Escríbeme
Compártelo

Cada jueves, estudios y novedades de psicología

Si te ha servido este artículo, el jueves te llega el siguiente por correo.

Sigue leyendo

Cerebro y neurociencia10 sep 2026Qué es la indefensión aprendida y por qué la explicaron malDejar de intentar cambiar una situación negativa se denomina indefensión aprendida. En 2016 sus dos autores revisaron el concepto
Cerebro y neurociencia12 ago 2026El cortisol empeora tu sentido de la orientaciónA un grupo de voluntarios se les administró cortisol y se orientaron peor. Además, cambió la señal de las neuronas que te sitúan en el espacio.
Cerebro y neurociencia4 ago 2026Por qué suspiramos sin darnos cuentaSuspirar reordena la respiración cuando se vuelve irregular. Un estudio mostró que los suspiros aumentan a medida que se alarga una tarea aburrida.
Escríbeme

Te leo yo

Te contesto en un plazo máximo de dos días laborables.