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Qué es la indefensión aprendida y por qué la explicaron mal

Dejar de intentar cambiar una situación negativa se denomina indefensión aprendida. En 2016 sus dos autores revisaron el concepto

Pablo Navarro10 sep 20264 min de lectura
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Barrera de madera con franjas diagonales sola en el centro de una sala vacía y en penumbra, referencia al experimento de la indefensión aprendida, en el que los perros se quedaban quietos delante de la barrera en vez de saltarla.

Llevas dos años en un trabajo en el que no sale adelante nada de lo que propones. Al principio insistías, mandabas correos y buscabas otra manera de plantear las cosas, y ahora ya no lo haces. Alguien te sugiere que pruebes una vez más y te dices a ti misma, ¿para qué?

Los psicólogos llaman indefensión aprendida a dejar de intentar cambiar una situación negativa tras comprobar repetidamente que nada cambia. Mucha gente lo conoce fuera de las facultades, y la versión que conoce es la de 1967. En 2016, los dos hombres que la propusieron publicaron un artículo en Psychological Review para afirmar que la habían entendido al revés.

Unos perros que esperaban a que pasara la descarga

Todo esto empezó por un experimento que salió mal. A principios de los sesenta, en la Universidad de Pensilvania, el psicólogo Richard Solomon y sus alumnos querían saber si un animal al que se le ha enseñado a tener miedo a un sonido aprende después más deprisa a escapar, así que sujetaban a un perro en una hamaca y le daban sesenta y cuatro descargas eléctricas moderadas en las patas traseras, cada una anunciada por un tono. Veinticuatro horas después metían a ese perro en una caja de dos compartimentos separados por una barrera, donde bastaba con saltar al otro lado para cortar la descarga.

Los perros se quedaban quietos y esperaban a que la descarga terminara. Según la teoría de entonces, el tono tenía que darles miedo y hacerlos saltar antes, así que aquello estropeó el experimento y quedó registrado como una molestia en dos artículos de los alumnos de Solomon.

Steven Maier y Martin Seligman llegaron a esa facultad en 1964 como estudiantes de primer año de doctorado y concluyeron que esa molestia era, en realidad, el fenómeno que debía estudiarse.

Tres grupos con las mismas descargas

Para saber si a los perros los dejaba quietos la falta de control y no la descarga en sí, había que separar ambas cosas, así que montaron tres grupos. El primero aprendía, en la hamaca, a apretar un panel con el hocico para cortar cada descarga. El tercero no recibía ninguna descarga.

Cada perro del segundo grupo iba emparejado con uno del primero y recibía la descarga a la vez que este, durante el mismo tiempo, de modo que ambos pasaban por exactamente lo mismo. La diferencia era que este segundo perro podía apretar el panel todas las veces que quisiera sin que la descarga se cortara, mientras que se cortaba cuando lo hacía su pareja.

Al día siguiente, los tres grupos pasaban a la caja de la barrera y el resultado se repetía tantas veces que Maier y Seligman quedaron convencidos. Dos tercios de los animales del grupo emparejado no aprendieron a escapar, y en los otros dos grupos, el noventa por ciento sí aprendió. El grupo que había podido cortar las descargas no aprendió mejor que el que no había recibido ninguna, y ese detalle les hizo pensar que la indefensión se aprendía.

La serotonina bajaba en cuanto el animal aprendía a cortar la descarga

Durante las dos décadas siguientes, los neurocientíficos fueron viendo qué ocurría en el cerebro de un animal al que se le daban descargas que no podía cortar, y encontraron las dos zonas que explican por qué se quedaba quieto. Una está abajo, en el tronco del encéfalo, y fabrica serotonina y la envía a otras zonas: unas que frenan el escape y otras que aumentan el miedo. La otra está en la parte delantera del cerebro; detecta que hay control disponible y frena a la primera. Si los investigadores bloquean las neuronas de la zona frontal, el efecto del control desaparece.

La serotonina subió igual en los dos grupos cuando empezaron las descargas, y en el grupo que podía cortarlas cayó en picado cuando el animal aprendió a girar la rueda que las paraba, aunque las descargas seguían llegando.

Esos dos hallazgos cambian la explicación de 1967, porque un perro no aprende a quedarse quieto. Cualquier mamífero se queda quieto cuando una situación mala se alarga y no termina, y no hace falta que nadie se lo enseñe. El perro que puede cortar la descarga aprende otra cosa: aprende que puede cortarla, y con ese aprendizaje, la zona de delante frena a la de abajo y el animal vuelve a moverse.

Qué tiene que ver esto contigo

La versión de 1967 lleva a intentar desaprender la indefensión. Si tú aprendiste a rendirte, el trabajo consistiría en volver sobre cuándo lo aprendiste, entenderlo y desmontarlo.

La versión de 2016 concluye de manera diferente. Si rendirse no se aprende, no hay nada que desaprender, y lo que hace falta es tener experiencias reales de control, porque esas experiencias hacen que la parte frontal del cerebro frene a la parte inferior.

Los propios autores llegan a una conclusión sobre la terapia y la presentan como especulación (esto es importante), con esa palabra. Dicen que una terapia que dedica las sesiones a volver sobre las cosas que pasaron, a entenderlas y a revivirlas tiene poco que ganar, porque entender por qué dejaste de intentar cambiar las cosas no hace que vuelvas a intentarlo. También dicen que una terapia que trabaja la expectativa de poder controlar lo que puede ocurrir sí te devuelve las ganas de intentar cambiar tu situación, porque comprobar que puedes cambiar algo te hace esperar que la próxima vez también puedas hacerlo. Yo, personalmente, me tomo esto con prudencia en cuanto a su comprensión. En mi opinión, pocas cosas son más sanadoras que el entendimiento y la comprensión. Con la segunda parte estoy totalmente de acuerdo; ahí hablamos de la autoeficacia que da para 200 posts adicionales como mínimo.

Ellos lo resumen en dos preguntas. La psicoterapia muchas veces pregunta por qué te pasó lo que te pasó, y propone, en su lugar, preguntar hacia dónde vas ahora. En mi opinión, una cosa no sustituye a la otra.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

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