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¿A qué edad se es más inteligente? Depende de para qué

La velocidad mental baja desde los 25, pero el conocimiento y el criterio suben durante décadas. No hay una edad mejor, hay una mejor para cada cosa

Pablo Navarro14 jul 20264 min de lectura
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Una cordillera con varios picos de distinta altura recortados contra una luz dorada sobre fondo oscuro, metáfora de los picos cognitivos: a qué edad se es más inteligente depende de para qué.

Se te va el nombre de una actriz que conoces de sobra, y tardas más que antes en aprenderte el programa nuevo del trabajo. De ahí saltas a una conclusión que parece obvia, que tu cabeza ya no da de sí lo que daba y que tu mejor momento ya ha pasado. A mí esto me pasa a diario.

Esa conclusión confunde la velocidad mental con la inteligencia, y no son lo mismo.

Lo que baja y lo que sube

La parte que baja es real, y no sirve de nada negarla. El razonamiento abstracto, la memoria de trabajo y la velocidad a la que procesas información alcanzan su techo entre los dieciocho y los veintidós años, y empiezan a bajar a partir de los veinticinco o treinta. Es lo que se llama inteligencia fluida, la capacidad de resolver un problema nuevo sin apoyarte en nada que ya supieras. Entre los veinte y los setenta años, el rendimiento en esas tareas cae cerca de una desviación típica. Traducido a algo que se entienda, una desviación típica son quince puntos de cociente intelectual. Es una caída enorme.

En ese mismo tramo, entre los veinte y los setenta, tu vocabulario sube una desviación típica. Esos mismos quince puntos, pero hacia arriba. Sube exactamente lo mismo que baja la inteligencia fluida. Ese es el conocimiento acumulado, la inteligencia cristalizada, y no deja de crecer durante casi toda la vida adulta.

No es la única cosa que sube. La responsabilidad y la estabilidad emocional aumentan desde la juventud hasta bien entrada la mediana edad. La inteligencia emocional, medida como una capacidad y no como un cuestionario de autoayuda, crece hasta llegar a su punto más alto hacia los cuarenta y cinco. El razonamiento moral, la habilidad de evaluar un dilema ético con criterios de justicia y no de conveniencia, sigue creciendo hasta la vejez. La alfabetización financiera sube hasta los sesenta y cinco. En una muestra de 15.228 personas, los aciertos en un test objetivo de finanzas aumentaban un 40 por ciento entre los veinte y los sesenta y cinco años.

La resistencia al coste hundido también aumenta con los años. Es la capacidad de abandonar un proyecto que se está hundiendo aunque ya hayas metido en él mucho tiempo y mucho dinero. Los jóvenes se aferran más a lo que ya invirtieron. Los mayores abandonan antes el proyecto que no va a ninguna parte.

Tampoco todo sube. La flexibilidad cognitiva, la agilidad para cambiar de estrategia cuando cambian las reglas, baja con la edad. La empatía cognitiva, leer el estado mental de alguien en su cara, aguanta estable hasta los sesenta y cinco y luego cae. Las ganas de meterse en problemas intelectuales complicados por puro gusto también disminuyen con los años.

Nueve capacidades sumadas

Gilles Gignac, de la Universidad de Australia Occidental, y Marcin Zajenkowski, de la Universidad de Varsovia, se hicieron una pregunta razonable. Si la velocidad mental cae desde los veinticinco, ¿por qué los humanos alcanzamos la cima de nuestra carrera, del sueldo y del prestigio profesional entre los cincuenta y los sesenta? Algo no cuadra.

Sospecharon que el error está en medir solo la velocidad. Así que cogieron las curvas de edad ya publicadas de nueve capacidades, las pasaron todas a una escala común y las sumaron en un índice al que llamaron Índice de Funcionamiento Cognitivo-Personalidad. La suma da un pico entre los cincuenta y cinco y los sesenta años. A partir de los sesenta y cinco, empieza a caer con claridad.

Hay que entender qué es exactamente ese número, porque no es una medición. Gignac y Zajenkowski no examinaron a nadie, cogieron resultados de otros y los sumaron. No han medido cuándo está una persona en su mejor momento. Han decidido qué nueve cosas cuentan para estarlo, las han sumado, y han mirado a qué edad esa suma es más alta.

El pico depende del peso que le den a cada cosa en esa suma, y ese peso lo decidieron ellos. En su primer modelo, la inteligencia clásica vale un 55 por ciento del total y la personalidad un 45. Ese reparto no es un hallazgo, es una elección. Si le das más peso a la inteligencia fluida, el pico se adelanta. Si se lo das a la alfabetización financiera, que sigue subiendo hasta los sesenta y cinco, el pico se retrasa.

Lo bueno del trabajo es que ellos lo dicen. En una nota a pie de página reconocen que la elección de los pesos es probablemente el aspecto más discutible de todo lo que han hecho, y por eso publicaron una aplicación web abierta donde cualquiera puede cambiar los pesos y calcular su propio pico.

Qué tiene que ver esto contigo

Si tienes cuarenta y tantos y crees que vas cuesta abajo, este trabajo dice algo distinto. Pierdes velocidad y ganas criterio. Pierdes agilidad para cambiar de reglas y ganas la capacidad de saber cuándo hay que soltar algo.

Por eso, la pregunta «¿a qué edad se es más inteligente?» está mal planteada. No existe una edad en la que seas mejor. Existe una edad en la que eres mejor para cada cosa. A los veinte aprenderás un idioma más rápido. A los cincuenta y cinco decidirás mejor qué hacer con tu dinero y con la gente que te importa. Todo esto son promedios de mucha gente, no una predicción sobre ti. Hay quien da lo mejor de sí a los treinta y cinco y quien lo da a los setenta. La próxima vez que se te vaya un nombre y pienses que te estás oxidando, acuérdate de que en algunas cosas también estás mejorando, aunque lo notes menos, ya sabes que nos fijamos más en lo negativo que en lo positivo, aunque eso es para otro post.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

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