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De dónde sale el exceso de confianza al tomar una decisión

Unos estudiantes tuvieron que tomar una decisión a partir de información que no favorecía a ninguna de las alternativas.

Pablo Navarro1 oct 20265 min de lectura
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Una balanza antigua con una piedra en cada plato, inclinada hacia un lado aunque las dos piedras parecen iguales, en tonos azul índigo, ilustración sobre el exceso de confianza al tomar una decisión.

Llevas semanas pensando en aceptar un trabajo en otra empresa. Después de la primera entrevista ya te inclinas por decir que sí, pero en la segunda te enteras de que el equipo ha tenido tres jefes en dos años. Esa noche le dices a tu pareja que tantos cambios de jefe te darán más posibilidades de ascender. Cada día que pasa tienes más claro que vas a aceptar la oferta.

Otra persona habría visto en esos tres jefes una señal de alarma. Tú interpretas ese dato a favor de la opción que ya te gusta más.

Los psicólogos llaman a esto “distorsión de la información”. Consiste en interpretar un dato nuevo a favor de lo que ya prefieres, aunque ese dato no lo justifique. Un estudio publicado este año encontró que las personas que interpretan los datos de esa manera están cada vez más seguras de su elección, aunque los datos no justifican tal seguridad. Los autores consideran la distorsión de la información como una de las fuentes del exceso de confianza al tomar decisiones.

Dos investigadores pidieron a ciento cuarenta y dos estudiantes que decidieran si lanzaban una campaña de anuncios

Peter J. Boyle y Pete Nye son dos investigadores de universidades de Estados Unidos. Boyle y dos colegas habían observado en 2025 que unos emprendedores que interpretaban los datos a favor de una opción se volvían cada vez más seguros de esa opción. Un emprendedor, sin embargo, suele tener ganas de lanzar su negocio antes incluso de decidir si hacerlo. Por eso, en 2026, Boyle y Nye quisieron comprobar si ocurría lo mismo en personas que empiezan a decidir sin preferir ninguna opción.

En el experimento participaron ciento cuarenta y dos estudiantes de universidades de Estados Unidos que cursaban un MBA (máster en administración de empresas). Muchos ya habían trabajado antes en empresas.

Boyle y Nye les pidieron que imaginaran que dirigían el marketing y la publicidad de una gran empresa que vende productos de consumo. Tenían que decidir si lanzar una campaña publicitaria para sus cereales de avena. Los anuncios decían que esos cereales bajaban el colesterol, pero no estaba claro si eso era verdad. No había una respuesta correcta y otra equivocada.

Los cuatro textos que leyeron estaban escritos para no favorecer a ninguna opción

Los estudiantes leyeron primero una presentación del caso y después cuatro textos breves, uno tras otro. Cada texto presentaba argumentos a favor y en contra de lanzar la campaña. El primero decía, por ejemplo, que los anuncios ya estaban hechos y probados y que habían costado mucho dinero, pero que la empresa no tenía pruebas clínicas que demostraran que sus cereales redujeran el colesterol.

El último texto contaba que, en una prueba con consumidores, ocho de cada diez pensaban, después de ver el anuncio, que los cereales eran sanos. Más de la mitad había creído incluso que se había demostrado que bajaban el colesterol, y no era así.

Boyle y Nye habían probado cada texto antes con más de quinientas personas en total. Los reescribieron cuantas veces hizo falta, hasta que cada uno quedó en el término medio, sin inclinarse hacia ninguna de las dos opciones.

Los estudiantes respondían tres preguntas después de cada texto. Primero puntuaban del uno al nueve cuánto apoyaba ese texto la idea de lanzar la campaña. Después decían qué opción les parecía mejor en ese momento. Al final, marcaban del cero al cien por ciento hasta qué punto estaban seguros de que iban a lanzarla.

Los estudiantes que interpretaban los textos a favor de una opción estaban cada vez más seguros de ella

Boyle y Nye observaron cómo cambiaban, a lo largo de la decisión, las puntuaciones y la seguridad de cada estudiante. Los estudiantes que puntuaban los textos cada vez más a favor de lanzar la campaña se volvían cada vez más seguros de que la iban a lanzar. Los que los puntuaban cada vez más en contra estaban, al revés, cada vez más seguros de que no la iban a lanzar.

Los autores midieron esa relación con una correlación, un número que vale cero cuando dos cosas no tienen nada que ver y uno cuando cambian siempre juntas. La correlación fue de 0,28. Es decir, la relación no es muy fuerte, pero los autores comprobaron que no se debía a la casualidad.

Los cuatro textos no favorecían a ninguna opción, así que esa seguridad no se explicaba solo por lo que habían leído. Boyle y Nye creen que esa seguridad se debe a algo que la persona que decide hace sin darse cuenta. La persona, en cuanto empieza a preferir una opción, aunque sea por muy poco, quiere que cada nueva información encaje con esa opción. Por eso interpreta esa información a favor de esa opción. La opción le parece entonces mejor respaldada y la persona se siente más segura.

Todos los estudiantes leyeron los textos en el mismo orden. Los autores reconocen que ese orden pudo influir, en parte, en cómo creció la seguridad de los estudiantes.

Los estudiantes que más seguridad ganaron no creían haberse dejado llevar más que los demás

Boyle y Nye hicieron una última pregunta a cincuenta y tres estudiantes. Les preguntaron si habían podido valorar los textos sin dejarse llevar por ninguna de las dos opciones. Contestaban del uno al siete, y cuanto más alto era el número, más creían haberse dejado llevar.

Los estudiantes que habían ganado más seguridad no obtuvieron puntuaciones más altas que los demás. Los autores concluyen que la respuesta de estos estudiantes sobre si se habían dejado llevar no era fiable. También advierten que eran pocos y que hacen falta estudios con más participantes.

Qué tiene que ver esto contigo

Si cada dato nuevo parece darte la razón, desconfía de esa seguridad. Antes de decidir, escribe los argumentos en contra de la opción que prefieres y habla con alguien de confianza que pueda darte su opinión.

En el caso de la oferta de trabajo, podrías preguntar a la empresa por qué se fueron los tres jefes antes de firmar el contrato.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

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