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Estar solo no es lo mismo que sentirse solo en la adolescencia

Pasar tiempo a solas no te hace más solitario. En la soledad de los adolescentes es más importante la calidad de los vínculos que la cantidad de compañía

Pablo Navarro2 jul 20263 min de lectura
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Dos sillones vacíos frente a una ventana en una sala en penumbra, metáfora de la soledad en la adolescencia: estar solo no es lo mismo que sentirse solo.

“No es que me sienta solo, estoy solo” - Neil McCauley (Robert De Niro), Heat, 1995

Solemos usar las expresiones "estar solo" y "sentirse solo" como si fueran lo mismo, y no lo son. Puedes estar una tarde entera en casa sin nadie y encontrarte bien, y puedes sentirte profundamente solo en mitad de una comida familiar o rodeado de compañeros de clase. Una cosa es cuánta gente tienes alrededor. La otra es si notas que tus relaciones te dan lo que necesitas.

Estar solo y sentirse solo no son lo mismo

La soledad, entendida como sentimiento, es la sensación de que tus vínculos se quedan cortos respecto a lo que te gustaría. No depende solo de si hay gente cerca, sino de la clase de relación que tienes con esa gente. Por eso alguien con la agenda llena de planes puede sentirse muy solo, y alguien que pasa mucho tiempo a solas puede no sentirse solo en absoluto.

Esta diferencia es especialmente importante en la adolescencia, una etapa en la que la necesidad de encajar y de pertenecer se intensifica y la soledad es más frecuente de lo que suele pensarse. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de uno de cada cinco adolescentes dice sentirse solo.

Un estudio que siguió a 294 adolescentes durante dos semanas

Cara Luisa Wicher y Aleksandra Kaurin, de la Universidad de Wuppertal, en Alemania, quisieron ver cómo funciona la soledad en el día a día real, y no solo cuando se rellenan cuestionarios. Publicaron su trabajo en 2026 en la revista Development and Psychopathology.

Para ello siguieron a 294 adolescentes de entre doce y veintiún años durante catorce días. Varias veces al día les llegaba un aviso al móvil que les preguntaba, en ese mismo momento, con quién estaban y cómo de solos se sentían. Entre todos respondieron a más de veintisiete mil de esos avisos. No hablamos, por tanto, de un recuerdo general de cómo se sentían, sino de miles de instantes concretos de su vida cotidiana.

Qué encontraron

Lo primero era esperable, y es que en los momentos en los que un adolescente estaba a solas, se sentía más solo que cuando estaba acompañado. Hasta aquí, nada nuevo.

A continuación viene lo más interesante. Quienes pasaban más tiempo a solas a lo largo de esas dos semanas no eran, en conjunto, más solitarios que los demás. Es decir, estar mucho rato solo en el momento no se traducía en ser una persona más solitaria. Además, no cualquier compañía servía para aliviar esa soledad. Solo la presencia de vínculos cercanos, como los amigos de verdad, reducía la sensación de soledad. Estar rodeado de conocidos o de compañeros de clase apenas cambiaba nada.

Cuando los investigadores buscaron qué explicaba de fondo la soledad de cada adolescente, lo que aparecía no era la cantidad de compañía, sino la satisfacción con sus relaciones, lo contento que estaba con los vínculos que tenía.

Por qué a unos les afecta más que a otros

El estudio no se quedó en si el adolescente estaba solo o acompañado, también miró las diferencias entre unos y otros. Los adolescentes con ciertos rasgos de personalidad que dificultan las relaciones, como una mayor desconfianza o una emocionalidad más inestable, se sentían más solos de media, y además su soledad cambiaba mucho más de un rato a otro. A ellos, estar a solas les afectaba bastante más que al resto. La misma tarde en casa, por tanto, no afecta igual a todos, porque también depende de cómo es cada uno y de cómo se relaciona con los demás.

Hay un detalle en el que hay que tomar este resultado con cautela. El estudio es correlacional, así que muestra qué cosas van juntas (correlacionan), pero no permite afirmar qué causa qué, y se hizo con adolescentes en su mayoría alemanes.

Qué tiene que ver esto contigo

Si tu hijo adolescente pasa muchas tardes solo en su cuarto, eso por sí solo no significa que esté solo ni que algo vaya mal. Lo importante no es cuántas horas pasa sin compañía, sino si tiene una o dos relaciones cercanas de las que se fía. Empujarle a socializar más, a acumular planes y conocidos, no soluciona nada si lo que le falta es un vínculo de calidad.

Esta reflexión también es útil para ti. La respuesta a sentirse solo no suele estar en llenar la agenda de gente, sino en cuidar los pocos vínculos que de verdad importan.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

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