¿Hablar con una IA te acompaña o te aísla más?
Dos investigadores siguieron a más de dos mil adultos durante un año. Los que hablaban con una IA con mayor frecuencia de lo habitual se sentían más aislados cuatro meses después.

Son las once de la noche, tus hijos ya duermen y no tienes con quién hablar. Escribes a una IA, le cuentas tu día y le preguntas si deberías aceptar la oferta de trabajo que te han hecho. La IA te responde con amabilidad y te hace sentir mejor. Dos investigadores de Canadá hicieron un seguimiento durante un año a más de dos mil adultos y les preguntaron si usaban una IA para hacerse compañía y cómo se sentían.
Las personas que usaban la IA con mayor frecuencia de lo habitual se sentían más aisladas cuatro meses después. También ocurrió al revés, aunque con menos firmeza. Las personas que se sentían más aisladas de lo habitual usaban más la IA cuatro meses después.
Dos investigadores hicieron un seguimiento de un año a más de dos mil adultos
En 2026, los investigadores Dunigan Folk y Elizabeth Dunn, del departamento de psicología de la Universidad de la Columbia Británica, publicaron un estudio sobre este tema. Querían saber si usar una IA para hacerse compañía aumenta o reduce la soledad con el paso de los meses, y si sentirse solo lleva a usarla más.
Otros estudios ya habían observado que la gente se sentía menos sola justo después de hablar con una IA, pero no habían medido qué ocurría meses después.
Según los autores, una IA no tiene nada personal que contar y siempre está dispuesta a escuchar. Por eso pensaban que hablar con una IA podía resultar agradable al principio, pero que con el tiempo no daba la satisfacción de una relación con otra persona.
Los participantes respondieron una encuesta cada cuatro meses
Participaron dos mil ciento cuarenta y nueve adultos de Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, con una edad media de cuarenta años. Los investigadores les enviaron cuatro encuestas en línea, una cada cuatro meses, entre noviembre de 2023 y febrero de 2025. Cuarenta y seis de cada cien participantes respondieron las cuatro.
En cada encuesta, los participantes indicaron con qué frecuencia habían usado una IA para hacerse compañía en los cuatro meses anteriores, por ejemplo, para pedirle consejo o contarle cómo les había ido el día. También respondieron a una pregunta sobre lo aislados que se habían sentido y a un cuestionario más amplio sobre lo conectados que se sentían con los demás.
Los investigadores compararon a cada persona consigo misma. Por ejemplo, si un participante se sentía más aislado de lo habitual en una encuesta, comprobaban si, cuatro meses después, usaba la IA más de lo habitual. También tuvieron en cuenta si, en ese tiempo, había roto con su pareja, se había mudado, había empezado una relación o había tenido un hijo.
Usar la IA más de lo habitual se asoció a sentirse más aislado cuatro meses después
En cada encuesta, entre veintiséis y treinta de cada cien participantes habían usado una IA para hacerse compañía. La respuesta más común entre ellos fue que la habían usado unas pocas veces en los últimos cuatro meses. Solo uno de cada cien participantes la usaba a diario.
Las personas que usaban la IA con mayor frecuencia de lo habitual se sentían más aisladas cuatro meses después. Los autores repitieron el análisis de seis maneras distintas y el resultado se mantuvo en cinco de ellas.
Las personas que se sentían más aisladas de lo habitual también usaban más la IA cuatro meses después. Este resultado, en cambio, solo se mantuvo en dos de las seis comprobaciones, y los autores lo consideran menos sólido.
El cuestionario más amplio arrojó un resultado distinto, en parte. Las personas que se sentían menos conectadas con los demás usaban más la IA cuatro meses después, en cinco de las seis comprobaciones. Usar más la IA, en cambio, no se relacionó con sentirse menos conectado en ninguno de los análisis. Los autores señalan que las respuestas a este cuestionario apenas cambiaron de una encuesta a otra, quizá porque el cuestionario pregunta cómo se ve cada persona en general, por ejemplo, si se considera solitaria.
Los autores proponen que la IA podría sustituir a las conversaciones con otras personas
Según los autores, una posible explicación es que las conversaciones con una IA ocupen el lugar de las conversaciones con otras personas. Las personas también podrían acostumbrarse a una IA que siempre las apoya y encontrar menos atractivas las relaciones con otras personas, que son menos predecibles pero que aun así proporcionan más satisfacción a largo plazo.
Este estudio no puede demostrar que la IA cause la soledad
Los autores piden tomar sus resultados con cautela, ya que no dejaron por escrito, antes de empezar, qué análisis iban a realizar. Además, cuantas más comparaciones se hacen, más fácil es encontrar una relación por casualidad. Los estadísticos usan ajustes para corregir ese problema, y con esos ajustes muchos de sus resultados ya no se podrían dar por buenos.
Los autores tampoco pueden descartar que otros factores expliquen la relación. Por ejemplo, una persona puede pedirle consejo a una IA sobre una oferta de trabajo, aceptar ese trabajo y sentirse más sola por el cambio, y no por la IA.
El aislamiento se midió con una sola pregunta. Los participantes, además, cobraban por responder encuestas en una plataforma en línea, por lo que probablemente se manejan mejor con la tecnología que la población general.
Qué tiene que ver esto contigo
Si te das cuenta de que le cuentas tu día a una IA cada vez que no tienes con quién hablar, prueba a contárselo también a otra persona. En este estudio, quienes usaban la IA con mayor frecuencia que lo habitual se sentían más aislados cuatro meses después.
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