
La sospecha de Bruce Alexander
A finales de los años setenta, un psicólogo de la Universidad Simon Fraser, en Canadá, llamado Bruce Alexander, empezó a sospechar que esa interpretación se dejaba por el camino algo importante. Aquellas ratas no solo tenían morfina al alcance, sino que estaban solas, encerradas en una caja diminuta y sin nada que hacer durante todo el día. Alexander se preguntó si lo que las empujaba hacia la droga no tendría tanto que ver con la química de la sustancia como con las condiciones en las que las obligábamos a vivir, es decir, el contexto.
Para comprobar esta idea, construyó junto a Robert Coambs y Patricia Hadaway algo muy distinto de una jaula. Era un recinto enorme, casi doscientas veces más grande que el habitual, con otras ratas de ambos sexos, con espacio de sobra para moverse, virutas, cajas y rincones donde explorar, esconderse y criar. Un sitio donde poder tener una vida, en definitiva. Dentro de ese recinto, volvió a plantear la misma elección de antes, agua normal o agua con morfina.
Bienvenidos a Rat Park
Lo que este investigador encontró, y que publicó en 1978, fue lo contrario de lo que cabía esperar. Cuando podían elegir, las ratas que vivían acompañadas y en libertad bebían mucha menos morfina que las que estaban aisladas, aunque ambas tenían la droga igual de disponible. Unos años después, en un segundo estudio en el que endulzaron el agua para hacerla más tentadora, la diferencia se volvió aún más llamativa, hasta el punto de que los machos aislados llegaron a consumir alrededor de dieciséis veces más morfina que los que vivían en el recinto. La sustancia era exactamente la misma. Lo único distinto era el lugar donde vivían.
Lo que el experimento no demostró
Nunca se ha conseguido replicar de forma directa el estudio, un intento de 1996 no encontró el mismo efecto, y los trabajos originales arrastraban problemas técnicos serios, desde datos perdidos por fallos de los aparatos hasta ratas que murieron durante el experimento y formas de medir el consumo que no eran iguales en los dos grupos.
Por eso no podemos concluir que el entorno lo explique todo. La idea de fondo ha resistido bien el paso del tiempo, y hoy sabemos que el aislamiento empuja al consumo y que un entorno rico lo frena, pero también sabemos que la genética, la edad, el tipo de sustancia y la salud mental de cada uno influyen. El entorno y los vínculos importan mucho más de lo que solemos reconocer, aunque no sean lo único que importa.
Qué tiene que ver esto contigo
Lo más probable es que tú no convivas con la morfina, pero sí con el móvil a las dos de la mañana, con la nevera abierta aunque no tengas hambre, con el trabajo del que no consigues desconectar o con esa relación que sabes que te hace daño y a la que vuelves de forma repetida.
La pregunta que plantea Rat Park no es por qué te falta voluntad, sino cómo es la jaula en la que estás viviendo ahora mismo. Muchas veces, eso que llamamos un problema de autocontrol tiene que ver con una vida demasiado vacía, demasiado sola o demasiado apretada, y la conducta de la que luego te avergüenzas no es más que el bebedero que tienes más cerca.
Por qué te pasa lo que te pasa.
Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.
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