Por qué algunas personas tienen resaca con ansiedad y otras no
La resaca con ansiedad no le pasa a todo el mundo. Un estudio encontró que aparece con mayor frecuencia en las personas que tienen miedo de perder el control de su cabeza

Te despiertas a las siete de la mañana de un sábado, después de una cena que se alargó. Te duele la cabeza y, además, llevas media hora repasando algo que dijiste anoche, convencida de que quedaste fatal, y ahora te has acordado también de un correo del trabajo que tienes sin contestar. Tu pareja duerme al lado y se levantará con dolor de cabeza y buen humor, mientras que tú llevas tres horas dándole vueltas a todo eso.
La misma cena, dos mañanas distintas
A esa mezcla de resaca física y angustia se la llama resaca con ansiedad, y en inglés se ha popularizado la palabra hangxiety. La angustia no aparece en todo el mundo por igual, y dos personas que bebieron lo mismo en la misma cena pueden despertarse una con náuseas y la otra con náuseas y, además, pensando que anoche hizo algo mal.
Los investigadores en adicciones se fijan en esa diferencia porque pasarlo mal por una resaca no hace que la gente beba menos. Al contrario, se asocia con más problemas con el alcohol más adelante, porque hay quien acaba bebiendo para calmar el malestar de la mañana siguiente.
El miedo a las propias sensaciones de ansiedad
En 2026, la psicóloga Suika Fujiwara, de la Universidad de Dalhousie, en Canadá, quiso averiguar quién se despierta así y quién no. Partió de un rasgo que los psicólogos llaman sensibilidad a la ansiedad, y que consiste en tenerle miedo a las propias sensaciones de ansiedad, o sea, a lo que notas en el cuerpo y en la cabeza cuando te pones nervioso. Tener ese rasgo alto significa que a la persona le asusta lo que nota cuando se pone nerviosa, y eso es distinto de tener ansiedad.
Ese rasgo se divide en tres partes. La primera es la preocupación física, que lleva a interpretar una taquicardia como un aviso de un infarto. La segunda es la preocupación social, que lleva a temer que se te note el sudor y que quedes en ridículo. La tercera es la preocupación cognitiva, que consiste en temer perder el control de la propia cabeza y en pensar que, si te cuesta concentrarte, es porque te estás volviendo loco.
Fujiwara y sus colegas partieron de la premisa de que una resaca produce las mismas sensaciones: sudas, te late el corazón deprisa y no consigues concentrarte en nada. Así que reclutaron a trescientos treinta y cuatro universitarios de entre diecinueve y veintinueve años, procedentes de tres universidades del este de Canadá, con el requisito de haber tenido al menos una resaca en las dos semanas anteriores.
Las mismas preguntas un mes después
Cada participante rellenó primero los cuestionarios de las tres partes del rasgo y respondió qué tan ansioso y qué tan deprimido se sentía en su vida normal, sin resaca. Después recordó la ocasión en la que más había bebido en esas dos semanas y puntuó por separado cuán fuerte fue la resaca física y cuánta ansiedad y cuánta tristeza sintió durante ella.
Al mes siguiente volvieron a contactar con el grupo, y ciento ochenta y seis participantes habían tenido otra resaca en las dos semanas previas, así que a esos les volvieron a hacer las mismas preguntas sobre su estado emocional.
Con esos datos, el equipo comparó a personas similares entre sí en cuanto a sexo, edad, universidad, intensidad física de la resaca, malestar durante la primera resaca y ansiedad general. Eso es lo que en los estudios se llama descontar un factor: consiste en dejarlo fijo para que no explique el resultado, igual que compararías el consumo de gasolina de dos coches solo si ambos recorren la misma distancia. Sirve para asegurarse de que lo que se encuentra no sea simplemente que las personas nerviosas lo pasan peor en todo. Aun así, la preocupación cognitiva medida al principio seguía prediciendo más ansiedad durante la resaca de un mes después, y las otras dos partes del rasgo no predecían nada, o sea que temerle a un infarto o a hacer el ridículo no anticipaba peores mañanas, y temer perder el control de la propia cabeza sí. El modelo completo explicaba alrededor de un tercio de las diferencias entre unas personas y otras.
El equipo propone una explicación que se ajusta a lo observado en la consulta. En una resaca tienes la cabeza espesa y no te concentras, y quien teme perder el control de su cabeza entiende esa espesura como prueba de que le está ocurriendo. La preocupación cognitiva va, además, muy unida a la rumiación, o sea, a darle vueltas a lo mismo una y otra vez, así que la persona se pasa la mañana repasando lo que dijo la noche anterior.
Qué tiene que ver esto contigo
Si eres de las que se despiertan con el corazón acelerado y repasando lo que dijeron la noche anterior, la diferencia con tu pareja, que se despierta igual de mal físicamente y de buen humor, está en cómo interpretas lo que notas. Tener la cabeza espesa después de beber es un efecto conocido del alcohol y se pasa solo, pero a una persona con preocupación cognitiva alta, esa espesura le confirma lo que más teme: que está perdiendo el control de su cabeza.
Ese miedo a perder el control de la cabeza también aparece fuera de las resacas, cuando no duermes, cuando tienes fiebre o cuando llevas tres semanas de mucho trabajo y te cuesta concentrarte. Si en esos momentos se te dispara la idea de que algo va mal contigo, ese pensamiento tiene más que ver con el miedo a perder el control que con el cansancio en sí.
Por qué te pasa lo que te pasa.
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