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La fuerza que no se ve en quien ha pasado una depresión

Un ejercicio de veinte minutos ayuda a quien ha pasado una depresión a reconocer la fuerza que desarrolló, y a avanzar más hacia sus metas

Pablo Navarro1 jul 20263 min de lectura
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Un árbol viejo y sin hojas, de tronco retorcido, entre la niebla sobre fondo oscuro, metáfora de la fuerza que no se ve en quien ha pasado una depresión.

La idea de que quien ha pasado por una depresión es una persona débil es una idea demasiado común. La idea de que esa persona no pudo con su vida, que se vino abajo, que no tiene la misma fortaleza que la mayoría de las personas. Esta idea está tan extendida que mucha gente que ha pasado por una depresión termina pensando de sí misma justo eso, que es débil o defectuosa.

Sin embargo, lo que de verdad exige convivir con una depresión es lo contrario. Levantarse por la mañana cuando no tienes ganas y sobre todo fuerzas para hacerlo, seguir yendo a trabajar, ocuparte de los tuyos y aguantar pensamientos y emociones muy difíciles y oscuros sin abandonarlo todo. Eso no es debilidad. Cuesta un enorme esfuerzo.

Un ejercicio de veinte minutos

De esa idea partieron Christina Bauer, de la Universidad de Viena, y Gregory Walton, de Stanford, junto a otros colegas. Se preguntaron qué pasaría si, en lugar de repetir a las personas que han pasado por una depresión que son débiles, les ayudáramos a ver la fuerza que ya han demostrado. Publicaron su trabajo en 2026 en la revista Personality and Social Psychology Bulletin.

Para comprobarlo diseñaron un ejercicio breve, de unos veinte minutos, que se hace por escrito. En él, la persona lee primero que la investigación reconoce las capacidades de quienes conviven con una depresión, y después reflexiona sobre las suyas propias, sobre la perseverancia, la constancia o el manejo de las emociones difíciles que ha ido desarrollando al lidiar con la enfermedad. No se trata de negar el sufrimiento, que es muy real, sino de mirar también lo que ese sufrimiento le ha enseñado a hacer a la persona.

Probaron el ejercicio en tres experimentos con 748 personas que habían pasado por una depresión. En cada uno comparaban a quienes hacían el ejercicio con un grupo de control que hacía otra tarea parecida, para asegurarse de que el cambio venía del ejercicio y no de otra cosa. En el más exigente de los tres, además, dejaron escrito antes de empezar qué esperaban encontrar y cómo lo iban a medir, una forma de evitar amoldar luego los números al resultado que buscaban.

Qué encontraron

Quienes hacían el ejercicio salían con más confianza en su capacidad para perseguir sus metas, y esto ocurría por igual, independientemente de los síntomas que tuvieran en ese momento. El dato más relevante llegó más tarde. En el tercer experimento pidieron a los participantes que eligieran una meta personal, grande o pequeña, y les hicieron seguimiento durante dos semanas. Quienes habían reflexionado sobre sus fortalezas avanzaron bastante más hacia esa meta, pasando de un 43% de progreso, de media, a un 64%.

El avance hacia la meta lo contaban los propios participantes, no se midió de forma externa, y el ejercicio no cambió su satisfacción general con la vida en esas dos semanas. El ejercicio no es un tratamiento ni cura la depresión, pero cambia cómo se ven a sí mismas las personas, y eso influye en lo que se atreven a intentar.

Qué tiene que ver esto contigo

Detrás de este funcionamiento hay un mecanismo bien conocido en psicología. Cuando alguien interioriza que es débil o que no va a poder, esa etiqueta tiende a cumplirse sola, porque deja de intentar cosas que quizá sí estaban a su alcance. Funciona como una profecía que se autocumple (la llamada profecía autocumplida). Y al revés, reconocerse capaz abre la puerta a intentarlo.

Si has pasado por una depresión, puede que a veces hayas pensado que fue por ser o estar débil o no ser todo lo fuerte que deberías haber sido, es más, puede que haya gente que te lo haya insinuado. Este estudio apunta a otra lectura, y coincide con lo que se ve en consulta, porque haberla atravesado dice más bien lo contrario, que has tenido que desarrollar recursos que mucha gente no ha necesitado aprender. Reconocerlos no borra lo difícil que fue, pero cambia desde dónde miras hacia delante.

Una última reflexión relacionada con este tema. Nada de lo que hemos explicado acerca de este estudio sustituye un tratamiento. Si ahora mismo lo estás pasando mal, lo mejor que puedes hacer es hablar con un psicólogo.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

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