Soñar despierto demasiado y no poder parar
Fantasear es normal y sano, pero para algunas personas soñar despierto se vuelve compulsivo y les complica la vida. Se llama ensoñación desadaptativa

Casi todos soñamos despiertos. Vas en el metro, desconectas, y de pronto estás imaginando una conversación pendiente, unas vacaciones o una respuesta ingeniosa que no se te ocurrió a tiempo. Es normal y hasta sano, como una pequeña escapada que dura un rato y de la que vuelves sin que pase nada malo. Pero para algunas personas esa escapada no es un rato, sino horas, y además les resulta difícil volver.
Qué es la ensoñación desadaptativa
Los psicólogos lo llaman ensoñación desadaptativa. El investigador Eli Somer describió y dio nombre a este fenómeno en 2002, y desde entonces se ha ido estudiando poco a poco. El concepto subyacente es sencillo. Se trata de fantasear de forma tan intensa, vívida y absorbente que la persona se desconecta de lo que tiene delante y se sumerge en mundos imaginarios durante largos periodos, a menudo contra su propia voluntad. Muchas de las personas que lo describen cuentan que es un fenómeno que empezó cuando eran niños o adolescentes y que, con los años, se fue haciendo más fuerte y más difícil de abandonar.
No es lo mismo que soñar despierto de vez en cuando. El soñar despierto normal es breve, va y viene, y no suele causarnos problemas. Aquí, en cambio, la fantasía se vuelve persistente y difícil de frenar, y termina interfiriendo en los estudios, en el trabajo y en las relaciones. Quien lo vive suele intentar dejarlo una y otra vez, sin conseguirlo.
Cómo se reconoce
Hay algunos rasgos que aparecen a menudo. Las historias que se imaginan son largas y elaboradas, casi como una serie con sus personajes y sus tramas, que se continúan día tras día. Muchas personas las intensifican con música, que funciona como banda sonora de lo que ocurre en su cabeza. Y no siempre se quedan quietas. Es frecuente que, mientras fantasean, se muevan sin darse cuenta, caminando en círculos, gesticulando, moviendo las manos o incluso susurrando los diálogos, como si estuvieran a la vez dentro y fuera de la escena. Mientras dura, es fácil perder la noción del tiempo y sentirse algo desconectado de uno mismo, como si una parte estuviera en otro sitio. Hay quien le dedica varias horas al día.
Según los datos disponibles, afecta a alrededor del 2,5% de la población, algo más entre los adultos jóvenes. No es raro, aunque casi nadie hable de ello. Buena parte de quienes lo viven lo llevan en secreto, con la sensación de que les pasa algo extraño que nadie entendería.
El lado problemático de la fantasía
La fantasía no aparece por capricho, sino que casi siempre empieza siendo un refugio, un sitio al que ir cuando en la realidad no estamos cómodos, un lugar donde uno es más capaz, más querido o simplemente se siente mejor. En ese sentido cumple una función, porque alivia. El problema es que ese refugio puede convertirse en una trampa. Cuanto más se recurre a él, más atrae, y llega un punto en que la persona prefiere el mundo de dentro al de fuera, y la vida real se va quedando vacía mientras la imaginada crece. Y aunque muchas intentan cortar el proceso, la atracción es tan fuerte que vuelven una y otra vez.
De ahí vienen las consecuencias que se le asocian, y que hay que tomar como lo que son, cosas que aparecen juntas y no necesariamente unas causando las otras. Se relaciona con más soledad, con vergüenza por lo que a uno le pasa, con problemas para prestar atención y con bastante malestar psicológico. También suele darse junto a la ansiedad o los pensamientos obsesivos. En los casos más serios interfiere de verdad en la vida y conlleva sufrimiento.
Hay, además, un debate entre los especialistas sobre si esto debería ser un diagnóstico propio en los manuales de psiquiatría. Ese debate nos interesa menos que el fenómeno en sí. Con etiqueta o sin ella, lo que le ocurre a la persona es real y merece ser atendido.
Qué tiene que ver esto contigo
Puede que leyendo esto te hayas reconocido un poco. Soñar despierta no es un problema. Fantasear, imaginar, irse un rato de la realidad es una parte normal y valiosa de la vida mental.
Merece la pena mirarlo cuando ocupa muchas horas, cuando cuesta parar aunque quieras, cuando prefieres el mundo de dentro al de fuera, y cuando notas que tus estudios, tu trabajo o tus relaciones se resienten por culpa de esto. En ese punto este comportamiento ya no es un descanso, sino algo que te aparta de tu propia vida.
Se ha visto, además, que las terapias genéricas ayudan poco con esto, mientras que un abordaje pensado para el problema concreto resulta más prometedor. Si te reconoces ahí, hablarlo con un psicólogo ayuda más de lo que parece. No para quitarte la imaginación, que es tuya y es buena, sino para entender de qué o por qué te estás escapando y para que la fantasía vuelva a ser un lugar del que puedas entrar y salir cuando quieras.
Por qué te pasa lo que te pasa.
Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.
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