Por qué a los 20 no quieres lo mismo que a los 60
Con la edad tus prioridades se reordenan de forma predecible, menos éxito y aventura y más seguridad y calma. Un estudio con más de 80.000 personas lo describe

A los veinte años, mucha gente quiere comerse el mundo, triunfar, vivir cosas nuevas y pasárselo bien. A los sesenta, esa misma persona valora otras cosas, la tranquilidad, la salud, estar cerca de los suyos y que las cosas no se compliquen demasiado. Solemos explicarlo diciendo que uno madura, como si con los años nos volviéramos versiones mejores de nosotros mismos. Pero lo que ocurre es que no es que mejoremos, es que nuestras prioridades se reordenan, y lo hacen de una forma bastante predecible.
¿Qué son los valores?
Cuando los psicólogos hablan de valores, se refieren a eso que para cada uno merece la pena y es importante, lo que guía por debajo nuestras decisiones. El psicólogo Shalom Schwartz ordenó esos valores en un mapa que se usa en todo el mundo. En él están, por ejemplo, la búsqueda de novedad y aventura, el éxito y el poder, la seguridad y la estabilidad, el respeto a la tradición y el cuidado de los demás. Cada persona da más importancia a unos que a otros, y ese reparto es buena parte de lo que somos.
Un estudio con más de ochenta mil personas
Andrés Gvirtz y su equipo, del King's College de Londres, quisieron ver cómo cambia ese reparto de valores a lo largo de la vida. Reunieron datos de 80.814 personas, con edades entre el final de la adolescencia hasta después de la jubilación, y publicaron su trabajo en 2026 en la revista Personality and Social Psychology Bulletin. En lugar de quedarse en las grandes categorías, observaron valores concretos, uno por uno, para ver cuáles subían y cuáles bajaban con la edad. Para asegurarse de que el patrón se mantenía, probaron decenas de formas distintas de analizar los datos, más de cien mil combinaciones.
Qué cambia con la edad
En un extremo está la adolescencia, donde el estudio confirma un patrón ya conocido, el foco crece en uno mismo y en buscar experiencias nuevas. A medida que cumplimos años, gana importancia todo lo que tiene que ver con la seguridad y la estabilidad, cosas como llevar una vida ordenada, el respeto o el apego a la tradición. Y pierde importancia casi todo lo demás. Baja el valor que damos al éxito, a prosperar y a triunfar. Baja también el gusto por el disfrute inmediato. Baja el interés por lo nuevo, por arriesgarse y probar (no en mi caso ). También pierden fuerza la curiosidad, la creatividad y las ganas de ser el que manda o el que dirige.
A pesar de esto hay un dato que rompe el tópico. Solemos pensar que, con los años, la gente se vuelve más generosa y más volcada en los demás. En estos datos, algunos valores de ese estilo, como ayudar a la gente, también bajaban con la edad, en vez de subir. La imagen de un abuelo sabio y entregado es bonita pero no muy exacta.
Los propios autores dan una explicación sencilla a esa caída del valor del éxito. Cuando alguien ya ha formado una familia y se ha asentado en su profesión, triunfar deja de ser tan urgente, y pasa a dar más importancia a conservar lo que tiene.
El detalle dice más que la etiqueta
El estudio deja además una lección de fondo. Si te quedas solo con las categorías grandes, como seguridad o cuidado de los demás, te pierdes lo que pasa dentro de cada una, porque valores muy parecidos a veces se mueven en direcciones distintas y en momentos distintos. Por poner un ejemplo, dentro de la seguridad, valorar vivir en un país estable sube con la edad, pero valorar tener la propia vida ordenada baja. Son de la misma familia y van en direcciones opuestas. De hecho, mirar los valores concretos permitía adivinar la edad de una persona unas tres veces mejor que mirar solo las grandes categorías. Por eso el clásico es que uno madura se queda corto, porque mete en el mismo saco cambios que en realidad van cada uno por su lado.
Queda un matiz importante. El estudio compara a personas de distintas edades en un mismo momento, en vez de seguir a las mismas personas durante años. Por eso no puede separar del todo lo que cambia por hacerse mayor de lo que cambia por haber nacido en otra época.
Qué tiene que ver esto contigo
Todo esto te da un mapa para entenderte y para entender a los tuyos. Si a los cuarenta y muchos notas que ya no te tira tanto destacar o acumular cosas, y que valoras más la calma y la gente cercana, no es que te estés apagando, es un cambio esperable y que comparte casi todo el mundo. Ese giro suele notarse sobre todo hacia la mediana edad. Y ese mismo mapa sirve para entender a tu familia. Tu hijo adolescente, obsesionado con la novedad y con comerse el mundo, no es que esté como loco, está en la edad de esos valores. Tus padres, aferrados a sus rutinas y a lo de siempre, no se han vuelto rígidos para fastidiar.
Por qué te pasa lo que te pasa.
Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.
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