¿Qué sienten los abuelos cuando están con sus nietos?
Con sus nietos, los abuelos se sentían más queridos y más orgullosos que en el resto de sus ratos del día. También usaban más palabras positivas al hablar.

Tu madre ha pasado la tarde con tu hijo, que ya tiene quince años, o ha hablado un rato con él por videollamada. Por la noche te llama y te cuenta, orgullosa, lo mayor que está. También te comenta que le preocupa lo poco que duerme su nieto. Cuatro investigadores publicaron en 2026 un estudio sobre la relación entre abuelos y nietos en el día a día.
Cuando estaban con sus nietos, los abuelos se sentían más queridos y orgullosos que durante el resto del día. También usaban más palabras positivas al hablar.
Cuatro investigadores estudiaron la relación entre abuelos y nietos en el día a día
Flavia Chereches, Yvonne Brehmer, Gabriel Olaru y Nicola Ballhausen son investigadores de universidades y centros de investigación de Países Bajos, Suecia, Alemania y Suiza. En un estudio publicado en 2026, se quiso saber qué sienten los abuelos en los momentos que pasan con sus nietos o cuando hablan con ellos.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios comparaban a algunos abuelos con otros, por ejemplo, a los que cuidan a sus nietos y a los que no lo hacen. Algunos de esos estudios encontraron que los nietos estaban asociados a un mayor bienestar de los abuelos, otros no encontraron ninguna relación y otros encontraron un menor bienestar. Con esa comparación no se puede saber si el bienestar de un abuelo se debe a sus nietos o a otro factor. Por ejemplo, los abuelos con mejor salud podrían cuidar más a sus nietos y sentirse mejor. Por eso, los investigadores compararon a cada abuelo consigo mismo en los momentos en que estaba con sus nietos y en los que no.
Los investigadores utilizaron los datos de un estudio previo realizado en Austin, Texas. En ese estudio participaron trescientas treinta y tres personas de sesenta y cinco años o más que vivían en su casa y no trabajaban a tiempo completo. Los investigadores se quedaron con los ciento veinticinco participantes que tuvieron contacto con al menos un nieto durante el estudio. Tenían, en promedio, unos setenta y cinco años, y siete de cada diez eran mujeres. La mayoría de sus nietos ya no eran niños pequeños. El nieto más joven con el que tuvo contacto cada abuelo tenía, en promedio, unos quince años, y solo uno de cada tres abuelos tuvo contacto con algún nieto menor de diez años. Además, solo el 11,2 por ciento de los abuelos, aproximadamente uno de cada nueve, cuidaba habitualmente de sus nietos. Contaba como contacto tanto verse en persona como hablar a distancia.
Los abuelos contaban seis veces al día cómo se sentían y con quién habían estado
El estudio duró cinco o seis días. Cada tres horas, aproximadamente, el abuelo recibía un cuestionario, por lo que le llegaban unos seis al día. En cada cuestionario indicaba con quién había estado durante las tres horas anteriores. Para ello, elegía entre las personas más cercanas a su vida, a las que había nombrado al inicio del estudio. Después, puntuaba del uno al cinco cuánto había sentido cada una de las diez emociones. Cinco eran positivas, sentirse contento, querido, orgulloso, tranquilo y con energía. Las otras cinco eran negativas, sentirse aburrido, solo, triste, irritado y nervioso o preocupado. En promedio, cada abuelo respondió unos veintiún cuestionarios en total, y en unos cinco de ellos había tenido contacto con algún nieto.
Durante esos días, una grabadora registraba el sonido a su alrededor durante treinta segundos cada siete minutos, mientras estaba despierto. Unos ayudantes de investigación transcribieron lo que decía el abuelo, no lo que decían los demás. Después, un programa informático calculó qué porcentaje de sus palabras eran positivas, como «amor» o «dulce», y qué porcentaje eran negativas, como «daño» o «feo».
Con sus nietos, los abuelos se sentían más queridos y más orgullosos
Los investigadores compararon los momentos con nietos con otros tres tipos de momentos. El primero era todos los demás momentos del estudio. El segundo, los momentos con otras personas cercanas. El tercero, los momentos a solas o solo con su pareja.
En las tres comparaciones, los abuelos se sentían más queridos y orgullosos en los momentos con sus nietos. La diferencia era pequeña. Por ejemplo, en la escala del uno al cinco, el orgullo era 0,15 puntos más alto con los nietos que en los demás momentos del estudio. Comparado con los momentos a solas o con su pareja, era 0,30 puntos más alto. Con sus nietos, los abuelos también se sentían con más energía que cuando estaban a solas o con su pareja. En cambio, sentirse contento, tranquilo, aburrido, solo o irritado no cambió en ninguna de las tres comparaciones. También se sentían algo más preocupados, aunque este resultado es frágil y hay que tomarlo como una pista.
La grabadora mostró algo parecido. En promedio, dos de cada cien palabras de un abuelo eran positivas. En las tres horas en que había tenido contacto con sus nietos, las palabras positivas eran algo más de media palabra de cada cien más que en los demás momentos. Comparadas con los ratos a solas o con su pareja, eran casi una palabra de cada cien más. Las palabras negativas no cambiaron.
Los abuelos también puntuaban los ratos con sus nietos como más agradables que los ratos con otras personas cercanas. Los investigadores comprobaron si los abuelos se sentían más queridos y orgullosos de sus nietos solo porque esos momentos resultaban más agradables. Para ello, tuvieron en cuenta en el análisis lo agradable que había sido cada rato, y el resultado se mantuvo. Los investigadores hicieron lo mismo con el dolor que sentía cada abuelo en cada periodo de tres horas, ya que el contacto con los nietos podía deberse a que el abuelo no se encontraba bien. El resultado tampoco cambió.
Según los autores, el orgullo puede deberse a que, junto a sus nietos, los abuelos actúan como guías y transmiten lo que saben a la siguiente generación.
Los abuelos que tenían más contacto con sus nietos se sentían peor que los demás
Los investigadores también compararon a distintos abuelos entre sí. Los abuelos que tuvieron más contacto con sus nietos durante el estudio experimentaron, en promedio, más emociones negativas y menos positivas que aquellos que tuvieron menos contacto. Esos abuelos tenían menos estudios y más nietos, y sus nietos eran mayores. Además, decían tener peor salud y más síntomas de depresión. Los autores proponen dos posibles razones. Quizá esos abuelos buscaban más el apoyo de sus nietos, o quizá los nietos los buscaban más porque los veían más frágiles. Comparar a cada abuelo consigo mismo y comparar a distintos abuelos entre sí dieron resultados diferentes.
Este estudio no puede decir si los nietos causan esas emociones
Los autores reconocen que sus datos no indican quién buscó el contacto, si el abuelo lo deseaba ni qué hicieron juntos. Tampoco pueden saber qué influye en qué, ya que las emociones del abuelo pueden influir en cuándo ve a sus nietos, al igual que los nietos pueden influir en las emociones del abuelo.
Además, juntaron en un mismo grupo tanto verse en persona como hablar a distancia. Las palabras que la grabadora recogió en esas tres horas pudieron provenir también de conversaciones del abuelo con otras personas, no de sus nietos. Todos los participantes vivían en Austin, y los autores advierten que en otros países la relación entre abuelos y nietos puede tener un significado distinto.
Qué tiene que ver esto contigo
Si a tus padres les gusta estar con tus hijos o hablar con ellos, facilita esos momentos. En este estudio, en esos ratos los abuelos se sentían más queridos y más orgullosos que en el resto del día. Si después notas a tu madre preocupada, esa preocupación también apareció en el estudio, aunque con menos claridad.
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