Ser feliz en pareja no te protege si duermes o comes mal
En las parejas que dormían o comían mal, las más felices mostraron en dos años un envejecimiento de sus células más rápido que las menos felices.

Puede que te quedes con tu pareja viendo una serie hasta la una de la madrugada, comiendo algo en el sofá, y que ese rato sea uno de los mejores del día para los dos.
Una psicóloga de la Universidad de Alabama siguió a ciento siete parejas y les midió en la sangre varias señales de envejecimiento. En las parejas que dormían o comían mal, las más felices mostraron, en dos años, un envejecimiento celular más rápido que el de las menos felices.
Una pareja feliz se contagia los buenos hábitos y también los malos
Wilson y sus colegas lo explican así. Una pareja que está a gusto junta tiende a repetir lo que hace junta, porque esos ratos le sientan bien a la relación, sean sanos o no.
Las parejas que comparten buenos hábitos, como dormir bien y comer sano, los mantienen con más facilidad si están a gusto juntas, y en este estudio mostraron algunas señales de envejecer más despacio, aunque ese resultado es el menos seguro de todo el estudio. Las parejas que comparten malos hábitos, como dormir mal o comer mal, también los mantienen si están a gusto juntas, y a los dos años sus células habían envejecido más deprisa que las de las parejas menos felices con los mismos hábitos.
Según los autores, estar a gusto en pareja no protege la salud por sí solo, porque depende de los hábitos que compartan ambos.
Stephanie Wilson siguió a ciento siete parejas durante dos años
En 2026, la psicóloga Stephanie Wilson, de la Universidad de Alabama en Birmingham, publicó este trabajo junto con Janice Kiecolt-Glaser y otros nueve investigadores. Las parejas, todas de hombre y mujer, tenían entre cuarenta y ochenta y siete años y llevaban de media casi veintinueve años juntas. Los investigadores excluyeron a quienes fumaban o tenían enfermedades como el cáncer, la diabetes o alguna enfermedad autoinmune.
Cada pareja acudió dos veces a la unidad de investigación de un hospital, con dos años de diferencia, y 92 de las 107 volvieron a la segunda visita. Allí les sacaron sangre y les grabaron tres conversaciones: una sobre algo bueno que le había pasado a cada uno, otra sobre algo que cada uno quería cambiar de sí mismo y otra, de veinte minutos, sobre el asunto por el que más discutían, como el dinero o la familia política.
Cada persona contestó, además, un cuestionario sobre qué tan satisfecha estaba con su relación y otro sobre cómo dormía y cuánto se movía, y en tres entrevistas contó todo lo que había comido el día anterior. En promedio, estas parejas estaban muy satisfechas con su relación, aunque dieciséis de cada cien personas puntuaron por debajo del nivel de malestar serio que los psicólogos consideran en la pareja.
Wilson midió el envejecimiento en la sangre de tres maneras
La primera fue la longitud de los telómeros, que son los extremos de los cromosomas y se acortan un poco cada vez que una célula se divide. La segunda fue la cantidad de una molécula llamada p16, que las células producen en mayor cantidad a medida que envejecen. La tercera consistió en un conjunto de tres cálculos que estiman la edad del cuerpo a partir de marcadores químicos del ADN.
Las personas más satisfechas con su pareja envejecieron más despacio en una de las tres medidas
Wilson y sus colegas realizaron muchos análisis simultáneamente, por lo que aplicaron una prueba más rigurosa para descartar resultados que surgían por azar. En la primera visita, las personas más satisfechas con su pareja tenían menos p16 en sangre que las menos satisfechas, aunque esa diferencia no pasó la prueba de significancia y pudo deberse a la casualidad. Dos años después, la p16 había aumentado menos en las más satisfechas que en las menos satisfechas, y esta segunda diferencia sí pasó la prueba.
Este resultado de la p16 no dependió de cómo durmieran ni de cómo comieran las parejas.
A las parejas satisfechas que dormían o comían peor se les acortaron más los telómeros
Entre las parejas que dormían o comían peor que la media, cuanto más satisfechas estaban con su relación, más se les acortaron los telómeros en esos dos años. Este resultado también pasó la prueba más exigente. Cuánto se movían las parejas no influyó en este resultado.
Wilson miró además cómo se trataban las parejas en las conversaciones grabadas, en unos análisis que ella misma llama exploratorios y a los que no aplicó esa prueba. Las parejas que comían peor y se trataban con más afecto y más humor envejecieron en esos dos años, según uno de los cálculos del ADN, entre siete meses y medio y doce meses y medio más deprisa que las que comían mejor o se trataban con menos afecto.
Un hábito malo compartido puede unir a una pareja
Wilson parte de una idea que otros investigadores ya habían estudiado, que cuando una pareja hace junta algo poco sano, los dos lo pasan bien y se sienten más unidos. En 2007, Shoham y sus colegas pidieron a parejas en las que uno o los dos fumaban, y tenían una enfermedad del pulmón o del corazón, que hablaran de un desacuerdo y siguieran hablando mientras fumaban. Si ambos eran fumadores, encender un cigarrillo les mejoraba el humor y los hacía sentir más compenetrados; si fumaba solo uno, ocurría lo contrario.
Otro estudio de 2024 encontró que, en los días en que una pareja fumaba junta o pasaba más tiempo sentada, ambos estaban más satisfechos con su relación ese día y al siguiente.
Wilson y sus colegas escriben que un matrimonio feliz no puede compensar dormir mal, moverse poco o comer mal.
Este estudio es preliminar y se hizo con parejas más sanas que la media
Nueve de cada diez participantes eran blancos, casi nueve de cada diez tenían estudios universitarios y las parejas estaban más sanas que la media de la población. Wilson y sus colegas califican sus resultados de preliminares, piden que otros equipos los repitan y advierten que no hay que dar demasiado peso a un resultado aislado. Los investigadores midieron a las parejas sin cambiarles ningún hábito, por lo que no pueden demostrar que una cosa cause la otra.
Qué tiene que ver esto contigo
Fíjate en qué haces con tu pareja en los ratos que más disfrutas con ella, como ver una serie hasta tarde o cenar en el sofá. Si estás a gusto en tu relación, esos hábitos son los que te resultarán más fáciles de mantener, sean buenos o malos.
Puedes aprovechar que estás a gusto con tu pareja para cambiar alguno de esos ratos, por ejemplo, irse los dos a la cama antes o cenar juntos algo con verdura, legumbres o pescado. Los autores escriben que, en una pareja satisfecha, los ánimos, los elogios y el ejemplo del otro tienen un mayor efecto en el cuidado mutuo, y citan un estudio en el que las parejas estaban más satisfechas con su relación los días en que habían hecho ejercicio juntas.
Por qué te pasa lo que te pasa.
Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.
¿Te ha hecho pensar en algo?
Escríbeme

