¿Hacer cosas distintas cada día te hace sentir mejor?
Las personas mayores que realizaban más tipos de actividades presentaban un mayor bienestar psicológico. En las personas jóvenes ocurría lo contrario.

Tu madre lleva tres años jubilada. Algunas semanas, solo sale de casa para ir al médico y a hacer la compra; el resto del tiempo ve la televisión. Tú, en cambio, vas del trabajo al colegio de tus hijos y de ahí a las tareas de casa, y llegas a la noche sin fuerzas. Seis investigadores estudiaron si la variedad de actividades en el día a día se relaciona con el bienestar y encontraron que dicha relación depende de la edad.
Las personas de sesenta a setenta y cuatro años que realizaban más tipos de actividades tenían un mayor bienestar psicológico que las que realizaban menos. En las personas de veinticuatro a treinta y cuatro años ocurría lo contrario. Entre medias, no hubo diferencias.
Seis investigadores estudiaron si la variedad de actividades se relaciona con el bienestar
Soomi Lee, de la Universidad Estatal de Pensilvania, y cinco colegas publicaron su estudio en 2018. Querían saber si hacer cosas variadas en el día a día se relaciona con el bienestar, y si esa relación cambia con la edad. Pensaban que la variedad beneficiaría sobre todo a las personas mayores.
Para los investigadores, la variedad tiene dos partes. La primera es cuántas actividades distintas realiza una persona a lo largo de varios días. La segunda es si las reparte de forma pareja entre esos días o si casi todos los días hace solo una o dos.
Los participantes contaban cada noche a qué habían dedicado el día
Participaron setecientas noventa y tres personas de Estados Unidos que, al inicio del estudio, tenían entre veinticuatro y setenta y cuatro años. Cada participante respondía una entrevista al final del día durante ocho días seguidos. En cada entrevista indicaba cuánto tiempo había dedicado a siete actividades desde la misma hora del día anterior. Eran el trabajo, el tiempo con sus hijos, las tareas de casa, el ocio, el ejercicio, el voluntariado y la ayuda a personas con las que no vivía, como un amigo, un vecino o un familiar. Diez años después, cada participante repitió los mismos ocho días de entrevistas.
Para calcular la variedad, los investigadores solo consideraron si cada día la persona había realizado o no cada actividad y calcularon la variedad con los ocho días juntos.
Los participantes también respondieron, en cada uno de esos dos periodos, cuestionarios sobre su bienestar psicológico. Esos cuestionarios preguntaban, entre otras cosas, si se sentían capaces de manejar su vida, si seguían creciendo como personas y si sentían que su vida tenía un propósito. Además, indicaron sus síntomas de depresión y sus emociones durante el último mes.
La variedad de actividades se asoció a un mayor bienestar en los mayores y a uno menor en los jóvenes
Los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos de edad. Entre los de sesenta a setenta y cuatro años, quienes tenían más variedad de actividades puntuaban más alto en bienestar psicológico que quienes tenían menos. Este resultado no dependía del tiempo total que dedicaban a las siete actividades. La variedad no se relacionó ni con la depresión ni con las emociones del último mes.
Entre los de veinticuatro a treinta y cuatro años ocurrió lo contrario: quienes tenían mayor variedad de actividades presentaron un menor bienestar psicológico. Entre los de treinta y cinco a cincuenta y nueve años no hubo diferencias.
Según los autores, la variedad no significa lo mismo para todas las edades. Los mayores con más variedad repartían sus días entre el trabajo y actividades que elegían, como el ocio, el voluntariado o ayudar a otros. Los jóvenes con mayor variedad dedicaban la mayor parte de su tiempo a sus hijos y al trabajo, por lo que su variedad podía reflejar un mayor número de obligaciones.
Diez años después, los mayores que aumentaron la variedad de sus actividades perdieron menos bienestar
En esos diez años, el bienestar psicológico disminuyó en todos los grupos. La mayoría de los mayores redujo la variedad de sus actividades, en concreto setenta y dos de cada cien. Los mayores que la aumentaron perdieron menos bienestar psicológico que los jóvenes que también la aumentaron. Además, las emociones positivas de esos mayores aumentaron y las negativas disminuyeron; ambos cambios fueron mayores que en los jóvenes que también aumentaron su variedad.
Este estudio no puede decir si la variedad causa el bienestar
Los autores reconocen que, con solo dos mediciones separadas por diez años, no pueden saber qué influye en qué. Quizá hacer cosas variadas mejora el bienestar, o quizá las personas que se sienten mejor hacen más cosas distintas.
Además, la mayoría de los participantes eran personas blancas, con estudios y casadas, y ninguno superaba los setenta y cuatro años al inicio. Los autores tampoco distinguieron qué actividades concretas eran más importantes.
Qué tiene que ver esto contigo
Si tu madre está jubilada, anímala a repartir su semana entre varias actividades que ella elija, como pasear, verse con sus amigas o ayudar a una vecina. En este estudio, las personas mayores con más variedad de actividades tenían un mayor bienestar psicológico. Los autores proponen comprobar en nuevos estudios si empezar actividades nuevas mejora el bienestar de las personas mayores.
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