Tu cuerpo reacciona a lo que crees, no solo a lo que haces
Dos experimentos muestran que lo que crees sobre tu ejercicio o tu comida deja una huella física real en tu cuerpo, no solo en tu cabeza

Solemos pensar que el cuerpo va por un lado y la cabeza por otro, que una cosa es lo que hacemos y otra lo que creemos. Dos experimentos de la psicóloga Alia Crum, primero en Harvard y después en Yale, ponen en duda esa separación.
Lo que esperamos influye en el cuerpo, algo ya explicado por el efecto placebo. A quien le dan una pastilla sin ningún principio activo y cree que es un calmante, muchas veces siente menos dolor. El efecto placebo, además, no depende solo de las pastillas, sino también de lo que uno espera que ocurra. A personas a las que se hizo creer que habían tocado una planta urticante, sin haberla tocado, les salió un sarpullido real. Y hay pacientes con una operación de rodilla fingida, a los que solo se les hizo un corte sin tocar el tendón por dentro, que mejoraron del dolor casi igual que los operados de verdad. Lo que uno espera que ocurra acaba notándose en el cuerpo. Incluso la simple presencia de un médico puede subirle a alguien la tensión, lo que se conoce como el efecto de la bata blanca.
Las limpiadoras de hotel
El primer experimento lo hizo Crum junto a Ellen Langer en 2007. Trabajaron con 84 limpiadoras de hotel, mujeres que se pasaban el día subiendo escaleras, cargando carros y haciendo habitaciones, pero que, al preguntarles, decían no hacer casi nada de ejercicio. A la mitad les explicaron que su trabajo diario ya era ejercicio de sobra, suficiente para cumplir las recomendaciones de actividad física de un adulto sano, y les dieron ejemplos concretos de cuánto se movían en cada tarea. A la otra mitad no le dijeron nada.
Cuatro semanas después, sin que ninguna hubiera cambiado su forma de trabajar ni su dieta, las mujeres del primer grupo habían perdido peso, grasa corporal y algo de tensión arterial. El grupo que no recibió esa información seguía igual. Lo único distinto entre un grupo y otro era la explicación que habían recibido. De hecho, al volver a preguntarles, ese grupo decía hacer bastante más ejercicio que antes, aunque su trabajo seguía siendo el mismo.
El estudio tiene sus peros. Es posible que, al oír que su trabajo contaba como ejercicio, esas mujeres se movieran un poco más sin darse cuenta, y además el grupo era pequeño. El segundo experimento, de hecho, cierra ese hueco, porque mide algo que es difícil fingir.
El experimento del batido
En 2011, ya en Yale, Crum diseñó ese segundo experimento. Citó a un grupo de personas en dos ocasiones, con una semana de diferencia, y en cada visita les dio un batido. La primera vez, la etiqueta decía que era un batido con mucha azúcar de 620 calorías, una bomba. La segunda, lo presentaba como un batido ligero, de 140 calorías. Lo que los participantes no sabían es que los dos batidos eran exactamente el mismo, de 380 calorías. Solo cambiaba lo que la etiqueta indicaba. Además, cada persona probó las dos versiones del batido, una cada semana.
En cada visita les sacaron sangre tres veces, al llegar, después de leer la etiqueta y tras beberse el batido, para medir la grelina. La grelina es una hormona que el estómago fabrica cuando está vacío y que le dice al cerebro que tienes hambre. Cuando comes, la grelina baja, y esa bajada es parte de lo que te hace sentir lleno.
Cuando la gente creía haber tomado el batido calórico, su grelina caía de forma mucho más marcada, como si el cuerpo hubiera recibido una comida copiosa. Cuando creían haber tomado el ligero, el nivel de la hormona apenas cambiaba. El batido era idéntico, pero el cuerpo respondía a lo que la persona creía estar bebiendo, no a lo que bebía en realidad. Además, quienes pensaban que habían tomado el batido calórico también decían sentirse más saciados.
Qué tiene que ver esto contigo
Los dos experimentos apuntan a lo mismo. Tus expectativas sobre lo que le pasa a tu cuerpo no son solo pensamientos, también dejan huella física. La forma en que entiendes tu actividad o tu comida influye en el efecto que tienen sobre tu cuerpo. En consulta, esto se ve a menudo, y ayuda a dejar de tratar la mente y el cuerpo como si fueran dos cosas separadas.
Esto no significa que puedas pensar y adelgazar, ni que la mente cure cualquier cosa. Creer esto es peligroso, y vender esa idea al público puede hacer daño. Lo que muestran estos estudios es más modesto y más real, y es que la frontera entre lo que crees y lo que le ocurre a tu cuerpo es menos clara de lo que parece
Por qué te pasa lo que te pasa.
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