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Ir al cine o al museo se asocia a un cuerpo más joven

Dos estudios apuntan a la misma conclusión. Quienes salen al cine, al teatro o al museo cada pocos meses tienen un cuerpo un par de años más joven

Pablo Navarro28 jul 20264 min de lectura
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Butaca de cine solitaria frente a una pantalla iluminada en una sala oscura, metáfora del estudio sobre cómo ir al cine y al museo se asocia a una edad biológica más joven.

Piensa en la última vez que saliste al cine, a un concierto o a un museo. Lo más seguro es que lo recuerdes como un rato agradable. Cuesta imaginar que ese plan esté relacionado con tu tensión arterial o con lo rápido que caminas por la calle. Sin embargo, dos estudios recientes afirman que sí lo tiene, con datos de miles de personas seguidas durante años.

Los años que tienes y los años que tiene tu cuerpo

Tienes la edad que pone en tu DNI, la de los años que has cumplido. Pero tu cuerpo tiene otra, que no siempre coincide. Los investigadores la llaman edad biológica, y la calculan combinando diversas de medidas fisiológicas. Con todo eso estiman si tu organismo funciona como el de alguien de tu edad, o más viejo, o más joven. Dos personas nacidas el mismo año pueden tener cuerpos que envejecen a ritmos distintos, y esa distancia entre la edad del carné y la edad del cuerpo es de lo que va este post. Un cuerpo biológicamente más viejo que su edad real tiene mayor riesgo de enfermar y de morir antes, y por eso se estudia tanto esa cifra.

Un cuerpo un par de años más joven

Daisy Fancourt, psicóloga del University College de Londres, lleva años estudiando cómo el arte y la cultura influyen en la salud. Para este trabajo usó el English Longitudinal Study of Ageing, un estudio británico que sigue desde hace años a adultos mayores de cincuenta, y comparó a los que iban al cine, al teatro, a conciertos o a museos cada pocos meses con los que no iban nunca, más de tres mil personas en total. Para medir la edad del cuerpo combinó varias medidas tomadas por enfermeras, entre ellas la tensión, la capacidad de los pulmones al soplar, la fuerza con la que la persona apretaba la mano y unos marcadores de inflamación en la sangre.

Usó además un método estadístico exigente, pensado para acercarse lo más posible a una relación de causa cuando no puedes repartir a la gente al azar en grupos. La conclusión fue que quienes hacían algún plan cultural cada pocos meses tenían un cuerpo unos dos años más joven que quienes no iban nunca. Además, volvió a medir a las mismas personas cuatro y ocho años después y la ventaja seguía ahí. El efecto aparecía por igual en los tres tipos de plan, las artes escénicas, los museos y el cine.

Otro equipo llegó a lo mismo desde Tokio

Casi a la vez, y por su cuenta, otro equipo encontró un resultado parecido. Yusuke Matsuyama, epidemiólogo del Institute of Science Tokyo, usó la misma base de datos británica con un método distinto, que sigue a cada persona a lo largo del tiempo y descuenta todo lo que en ella no cambia. En los números en bruto, los que más salían tenían el cuerpo unos tres años más joven que los que apenas salían. Pero cuando Matsuyama lo analizó a fondo, descontando lo que podía confundir el resultado, esa diferencia se encogía hasta alrededor de un año. Menos espectacular, pero coincidía con el estudio de Fancourt.

Por qué la tele en el sofá no cuenta igual

Hay que ser prudentes, porque los dos estudios son observacionales. Observan qué cosas van juntas, pero no demuestran del todo que una cause la otra. Es perfectamente posible que quien ya tiene un cuerpo más sano salga más, y no al revés. También influye que quien va al museo o al teatro suele tener más dinero, más estudios y una vida social más rica, y todo eso protege la salud. Los dos equipos intentaron descontar ese efecto, y la relación aguantó, pero ninguno afirma que ir al cine te rejuvenezca sin más.

El beneficio tampoco parece venir de estar sentado y quieto, porque eso también lo haces viendo la tele en casa. Salir a hacer planes culturales conlleva otras cosas. Andas hasta el sitio, quedas con alguien, sales de la rutina y proporcionas a la cabeza algo que mirar y sentir durante un par de horas. Con ir cada pocos meses ya aparecía la diferencia, así que no hace falta convertirlo en una obligación semanal para que cuente. Aun así yo personalmente suelo ir al cine todas las semanas.

Qué tiene que ver esto contigo

Tú no puedes cambiar el año en el que naciste, pero sí cómo pasas tus tardes libres. Además, este es de los pocos hábitos de salud que no necesitan de un esfuerzo especial. No hay que dejar de comer nada ni madrugar para ir al gimnasio. Se trata de quedar con una amiga para ver una película o de acercarte a esa exposición que llevas meses posponiendo.

Si tienes un padre o una madre mayores y notas que no salen de casa, esto también va contigo. Animarles a salir a un plan cultural de vez en cuando no es solo entretenerlos un rato. Puede que les esté haciendo bien de una forma que no se ve, en un cuerpo que todavía tiene margen para envejecer un poco más despacio.

Por qué te pasa lo que te pasa.

Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.

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