
Cuando alguien te habla de la dieta mediterránea, lo más probable es que pienses en el corazón, en el colesterol o en vivir más años. El aceite de oliva, el pescado, las legumbres, la fruta y la verdura llevan décadas asociándose a un cuerpo más sano. Pero hay una parte de la que no se ha hablado mucho, y es qué pasa con tu cabeza cuando comes así. Con cómo te sientes, con las ganas que tienes de hacer cosas, con la sensación de tener algo de control sobre tu vida.
Qué es "bienestar psicológico" y por qué no es lo mismo que no estar deprimido
Estamos acostumbrados a medir la salud mental por lo que falta, por la ausencia de ansiedad o de tristeza. El bienestar psicológico mide otra cosa. Se refiere a si disfrutas de la vida, si sientes que las cosas que haces tienen un sentido, y si te notas con energía y cierta autonomía para decidir por dónde va tu día. Puedes no estar deprimido y aun así vivir apagado, sin apenas disfrute.
La pandemia se cruzó en mitad del estudio
Andrew Steptoe, psicólogo del University College de Londres, lleva años estudiando cómo los hábitos cotidianos se relacionan con el ánimo de las personas mayores. Con Alanna Shand, de su mismo centro, y Camille Lassale, del Instituto de Salud Global de Barcelona, se propuso ver si la forma de comer tenía algo que ver con ese bienestar más pleno, el de disfrutar y sentirse dueño de la propia vida. Para ello recurrió al gran estudio británico sobre el envejecimiento, con 3.296 adultos de cincuenta años en adelante, a los que entre 2018 y 2019 preguntó por lo que comían y por cómo se sentían.
Para medir cómo se sentían no usó una escala de síntomas, sino un cuestionario pensado para captar el bienestar de las personas mayores, con frases como «siento que mi vida tiene sentido» o «disfruto de las cosas que hago», y con preguntas sobre si aún tenían control sobre lo que hacían. La adherencia a la dieta se calculó a partir de lo que cada uno había comido en dos días concretos, sumando puntos por la fruta, la verdura, las legumbres, los cereales, el pescado y el aceite de oliva, y restándolos por la carne y los lácteos.
La segunda medición se realizó en junio y julio de 2020, con la pandemia encima. Steptoe encontró dos cosas. La primera, que quienes seguían más de cerca la dieta mediterránea tenían de partida un bienestar psicológico mayor, y esa relación se mantenía aunque descontara la influencia del dinero, los estudios, el ejercicio, el tabaco, la salud que cada uno se atribuía o los síntomas de depresión. La segunda apareció gracias al mal momento. Con la pandemia, el bienestar del grupo bajó de media respecto a dos años antes, y quienes ya comían al estilo mediterráneo bajaron menos, incluso después de tener en cuenta cómo estaban antes y si habían pasado la enfermedad. Como si esa forma de comer les diera algo de amortiguación frente al bajón general.
Cómo entender este estudio
Antes de cambiar la lista de la compra, hay que entender qué puede y qué no puede decir este trabajo. Es un estudio observacional, así que muestra que dos cosas van juntas, pero no prueba que una cause la otra. Es muy posible que las personas que ya se encuentran bien de ánimo tengan también más ganas y más recursos para cocinar sano, y no al revés. También suele ocurrir que quien come mediterráneo lleva en conjunto una vida más cuidada, con más vínculos y menos aprietos económicos, y todo eso protege el ánimo por su cuenta.
Hay que añadir que la relación es pequeña. Cuando los autores metieron en la cuenta los ingresos, los estudios, la salud y el resto de factores, el efecto de la dieta se quedó en menos de la tercera parte del que aparecía al principio, y la parte que amortiguó el golpe de la pandemia se quedó rozando el límite de lo que se considera un resultado sólido. Está ahí, pero no es un efecto grande.
Qué tiene que ver esto contigo
Si alguna vez has intentado cambiar tu forma de comer, sabrás que arrancar con la idea de "vivir más años" motiva poco, porque es un premio lejano y abstracto. Este estudio ofrece una razón más cercana. No comes verdura y pescado solo por un análisis de sangre dentro de veinte años, sino por cómo te ayuda a sentirte esta misma temporada, con algo más de energía y de ganas. Y encaja con algo que la gente nota en su día a día, que las rachas de comer mal y las rachas de andar de bajón suelen ir de la mano, aunque no sepamos del todo qué empuja a qué.
Comer bien no cura una depresión ni compensa una vida cuesta arriba, y vigilar cada plato acaba generando más culpa que beneficio. La idea es más modesta. Se trata de tratar lo que comes como una pieza más de tu bienestar, al mismo nivel que dormir, moverte o ver a la gente que quieres, y no como un asunto que solo tiene que ver con la báscula o el colesterol. Cuidar lo que se come en casa es, también, una manera de cuidar el ánimo de quien vive en ella.
Por qué te pasa lo que te pasa.
Este contenido tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional. Si estás pasando por un mal momento, pedir ayuda es un buen primer paso: habla con un profesional de la salud mental. Si además estás en una situación de urgencia o riesgo, contacta con los servicios de emergencia de tu país.
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