Una cama que se mece y el insomnio de las cuatro de la mañana
Dieciséis personas que dormían mal pasaron la noche en una cama que se mecía. Se despertaron menos, aunque no se durmieron antes

Te despiertas a las cuatro de la mañana y ya no vuelves a dormirte. ¿Te suena? A mí me pasa tres noches de cada cinco. Te habías dormido sin problema y, aun así, llevas un rato mirando el techo y calculando cuánto falta para que suene el despertador.
En 2026, la neurocientífica Aurore Perrault y la especialista en medicina del sueño Laurence Bayer del Hospital Universitario de Ginebra publicaron en Journal of Sleep Research qué les pasó a dieciséis personas que dormían mal cuando pasaron una noche entera en una cama que se mecía.
Una cama que se mueve diez centímetros a un lado y a otro
Perrault y Bayer buscaban personas que se quejaran de dormir mal y que, además, durmieran mal cuando se les medía el sueño. Examinaron a ciento cincuenta y tres; veintiuna cumplían los requisitos y, al final, analizaron el sueño de dieciséis. Todas eran jóvenes y ninguna pasaba de los treinta y dos años; once eran mujeres y todas llevaban más de tres meses quejándose de que les costaba dormirse, de que se despertaban por la noche o de ambas cosas. La mitad se quejaba solo de despertarse por la noche y no poder volver a dormirse.
Perrault y Bayer les midieron el sueño en su casa durante tres semanas con una pulsera y, después, durante una noche entera en el laboratorio con electrodos en la cabeza. Esas dieciséis personas pasaron despiertas una cuarta parte del tiempo que estuvieron en la cama.
Después, cada persona durmió dos noches más en el laboratorio, separadas por al menos una semana. Una noche la cama se movía despacio de un lado a otro, diez centímetros y medio hacia cada lado, y tardaba cuatro segundos en ir y volver. Se movió así toda la noche.
La otra de las dos noches, la cama estaba quieta, pero Perrault y Bayer encendieron igualmente el motor para que se oyera el mismo ruido en ambas noches, y que lo único distinto entre ellas fuera el movimiento.
Dormían lo mismo y se despertaban menos
Las dieciséis personas tardaron lo mismo en dormirse, tanto cuando la cama se movía como cuando estaba quieta, y lo mismo en alcanzar el sueño profundo.
Esas mismas personas pasaron un tercio menos de tiempo despiertas a lo largo de la noche cuando la cama se movía, y un quince por ciento menos en la fase más ligera del sueño, la del duermevela. El sueño profundo y el sueño REM, que es la fase en la que se sueña, duraron lo mismo en ambas noches, así que durmieron las mismas horas y estuvieron despiertas menos tiempo durante esas horas.
Perrault y Bayer también contaron cuántas veces por hora cada persona pasaba del sueño a la vigilia o a una fase más ligera. Ese número bajó cuando la cama se movía, y quienes más lo vieron bajar dijeron por la mañana que habían dormido mejor.
Los participantes valoraban su noche cada mañana en una escala del cero al cinco, y esa nota fue una cuarta parte más alta después de la noche en la que la cama se movía que después de la noche en la que estaba quieta.
Los participantes también puntuaron lo agradable que les resultaba el movimiento de la cama y le dieron casi un ocho sobre diez. Las personas con mayor ansiedad lo valoraron con una nota más alta que las demás.
Una sola noche con solo dieciseis personas
Solo dieciséis personas durmieron en ese laboratorio, y cada una pasó una sola noche con la cama moviéndose. Perrault y Bayer llamaron a su resultado una evidencia preliminar, es decir, una primera señal que hace falta comprobar con más gente y en más noches.
Esas dieciséis personas aprendieron parejas de palabras por la noche, y Perrault y Bayer se las preguntaron por la mañana. Las dieciséis recordaron las mismas palabras después de las dos noches. En 2019 el mismo equipo hizo esa misma prueba con gente que dormía bien, y esas personas sí recordaron más palabras después de pasar la noche en la que la cama se movía.
Qué tiene que ver esto contigo
Dormirse y seguir dormida son dos problemas distintos, y esta cama abordó el de seguir dormida. Si tú te duermes bien y te despiertas a las cuatro, tu problema es seguir dormida, y muchos de los consejos que se dan para dormir mejor están pensados para quien tarda en dormirse. A mí me funciona leer un poco hasta que el sueño vuelve. Lo que nunca me funciona es dar vueltas pensando que, de pronto, me acabaré durmiendo. Pero insisto, eso es lo que me pasa a mí.
Por qué te pasa lo que te pasa.
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